John Kennedy, asesor de la OMM: «El calor extremo responde a zonas de alta presión que quedan estancadas durante semanas»

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El verano de 2026 está dejando una sucesión de fenómenos meteorológicos extremos que afectan a distintas regiones del planeta de formas muy diferentes. Mientras grandes zonas del hemisferio norte han sufrido temperaturas excepcionalmente elevadas, sequías persistentes e incendios forestales, otras partes del mundo han tenido que hacer frente a lluvias torrenciales e inundaciones. La sucesión de estos episodios vuelve a poner de manifiesto la importancia de contar con previsiones meteorológicas fiables y sistemas de alerta temprana capaces de reducir sus consecuencias sobre la población y los ecosistemas.Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), julio de 2026 fue, junto con julio de 2024, el mes de julio más cálido registrado a escala global. La agencia señala además que, desde el punto de vista climatológico, julio suele ser el mes más cálido del año y considera probable que julio de 2026 y julio de 2024 se encuentren entre los meses más cálidos registrados en el planeta desde 1850.La temperatura del planeta mantiene una tendencia ascendente Anomalias climáticas en julio de 2026Los datos del Servicio de Cambio Climático Copernicus ofrecen una perspectiva ligeramente diferente: julio de 2026 fue el segundo julio más cálido de la historia, con una temperatura media del aire en superficie de 1,47 grados superior a la estimación media correspondiente al periodo de 1850-1900. Estas pequeñas diferencias entre conjuntos de datos son normales, ya que cada organismo emplea métodos distintos para calcular la temperatura media global. Más importante que la posición exacta de un mes concreto es, sin embargo, la tendencia a largo plazo. Los diez julios más cálidos registrados han ocurrido desde 2016 y los cuatro últimos años, de 2023 a 2026, ocupan los cuatro primeros puestos.Uno de los datos más llamativos procede de los océanos. Tanto la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos como el Servicio de Cambio Climático Copernicus registraron en julio la temperatura superficial más elevada jamás observada para ese mes fuera de las regiones polares. En cuanto a Europa, las temperaturas excepcionalmente altas del Atlántico y del Mediterráneo occidental estuvieron relacionadas con olas de calor marinas intensas o severas, con consecuencias potencialmente importantes para los ecosistemas costeros.El calor extremo también se hizo sentir con especial intensidad en Europa occidental. La región vivió su periodo junio-julio más cálido registrado y la situación se prolongó durante agosto, cuando algunos países experimentaron su cuarta ola de calor desde mayo. El problema no se limita a los termómetros: las temperaturas elevadas coincidieron con niveles extraordinariamente bajos de humedad en el suelo y una sequía persistente, una combinación que está afectando a los ecosistemas, la agricultura, los ríos, el transporte y la producción energética, además de incrementar considerablemente el riesgo de incendios.En Francia, las previsiones apuntaban a temperaturas superiores a los 35 grados en buena parte del país durante la semana del 10 de agosto. Suiza emitió también una alerta por temperaturas que podían superar ese umbral, mientras que en el sur de Inglaterra los termómetros podían alcanzar los 36 grados. En Europa central y los Balcanes se batieron numerosos récords de temperatura en países como Austria, Eslovaquia y Hungría. Japón y Corea del Sur registraron asimismo episodios de calor excepcionales durante los primeros días de agosto.El calentamiento global se ve acompañado por patrones atmosféricos persistentes En Europa, la temperatura de temperatura de junio y julio de 2026 se situó 2,79 grados por encima de la media históricaJohn Kennedy, asesor y responsable de información climática de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), ha explicado en la web de dicha organización que estos acontecimientos son consecuencia de la confluencia entre el calentamiento global a largo plazo y un patrón persistente de sistemas de altas y bajas presiones que se extiende por el hemisferio norte. Según explica, las altas presiones suelen asociarse con condiciones cálidas y secas, mientras que las bajas presiones tienden a producir temperaturas más bajas y una mayor humedad.Este patrón puede mantenerse durante días o incluso semanas, favoreciendo la persistencia de las condiciones extremas en determinadas regiones. En junio, las áreas de altas presiones y las temperaturas elevadas afectaron simultáneamente a Asia central, Norteamérica y Europa occidental. En julio y principios de agosto, el fenómeno volvió a manifestarse aproximadamente en las mismas zonas y también en regiones de Asia oriental.Pero el calor y la sequía representan solo una parte de lo que sucede. En otras regiones, las lluvias monzónicas provocaron graves inundaciones. Decenas de personas murieron en las inundaciones de India, mientras que Bangladesh, Afganistán y Kirguistán sufrieron episodios de inundaciones repentinas. En China, los fenómenos extremos asociados a tifones obligaron a realizar evacuaciones, mientras que Corea del Sur también sufrió nuevas inundaciones. Jorge Olcina, climatólogo: «Danas como esta o eventos extremos se van a producir más fuertes, seguramente» y España tendrá que convivir con ellosEl contraste entre regiones secas y otras sometidas a lluvias extraordinarias ilustra algo cada vez más relevante del cambio climático: el aumento de los extremos y de sus impactos en cascada. Por ello, más allá de si un determinado mes ocupa el primer o segundo puesto de un ranking, la señal científica más importante reside en una tendencia de calentamiento sostenido que modifica las condiciones en las que se desarrollan los fenómenos meteorológicos. Bajo este escenario, las observaciones climáticas, las predicciones y los sistemas de alerta temprana se convierten en herramientas esenciales para anticiparse a cualquier riesgo.