Tenemos que hablar de dos de las fallas tectónicas más importantes que hay en la costa oeste de Norteamérica: la falla de San Andrés y la zona de subducción de Cascadia, ya que podrían estar más relacionadas de lo que se pensaba. Un nuevo estudio ha encontrado evidencias de que terremotos ocurridos en ambas fallas pudieron producirse con apenas minutos u horas de diferencia. El descubrimiento abre un nuevo escenario para comprender el riesgo sísmico de una región donde viven millones de personas.La zona de subducción de Cascadia se extiende frente a las costas del noroeste de Estados Unidos y Canadá y es capaz de generar terremotos de enorme magnitud. La falla de San Andrés atraviesa California y también constituye una de las principales amenazas sísmicas de la región. Hasta ahora, ambas fallas técnicas se habían estudiado como fallas independientes, pero las nuevas evidencias apuntan a que sus terremotos podrían haber estado sincronizados en algunos momentos del pasado.El análisis de los sedimentos revela una posible sincronización Para reconstruir esta historia sísmica, el equipo dirigido por el geólogo marino Chris Goldfinger, de la Universidad Estatal de Oregón, analizó testigos de sedimentos extraídos del fondo del océano. Estas muestras contienen capas acumuladas durante miles de años y permiten reconstruir acontecimientos geológicos que ocurrieron mucho antes de que existieran instrumentos capaces de registrar los terremotos.Una de las principales pistas fueron las llamadas tubiditas, capas de sedimentos que se forman cuando grandes cantidades de material se desplazan por el fondo marino, a menudo como consecuencia de deslizamientos submarinos provocados por terremotos. Al comparar estas capas de diferentes lugares, los investigadores pueden identificar acontecimientos sísmicos y establecer aproximadamente cuándo ocurrieron.El descubrimiento más llamativo apareció cerca del cabo Mendocino, en California, donde convergen la parte septentrional de la falla de San Andrés y la zona de subducción de Cascadia. Los científicos encontraron una estructura inusual: en lugar de presentar los sedimentos más gruesos en la parte inferior y los más finos arriba, como suele ocurrir, la capa mostraba el patrón contrario. Los investigadores denominaron a estas estructuras "dobletes".Según su interpretación, el sedimento fino de la parte inferior habría sido depositado tras un terremoto en Cascadia, mientras que el material más grueso situado encima habría sido consecuencia de un movimiento posterior en la falla de San Andrés. Las dataciones mediante radiocarbono y la comparación con otras muestras reforzaron la hipótesis de que ambos terremotos ocurrieron muy cerca en el tiempo, en lugar de tratarse simplemente de réplicas u otros fenómenos. Zona de subducción de CascadiaEl estudio identifica tres posibles episodios de este tipo durante los últimos 1500 años. Uno de ellos habría ocurrido en torno al año 1700, cuando Cascadia sufrió un enorme terremoto. Los investigadores creen que en algunos de estos casos los terremotos de ambas fallas tectónicas pudieron estar separados únicamente por minutos u horas.La posibilidad resulta muy relevante para la planificación de emergencias. Un gran terremoto en Cascadia ya supondría un desafío enorme para los servicios de emergencia, pero si otro gran terremoto afectara poco después a California, los recursos disponibles podrían verse afectados drásticamente. Ciudades como San Francisco, Portland, Seattle y Vancouver podrían encontrarse simultáneamente ante situaciones de emergencia. Estas son las zonas de España con menor riesgo de sufrir terremotosLos geólogos llevan décadas planteando que las fallas podrían influirse entre sí, aunque existen pocos ejemplos claros de sincronización. El nuevo estudio no significa que un terremoto en Cascadia vaya a provocar necesariamente otro en San Andrés, ni permite predecir cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto. Lo que aporta es una evidencia geológica de que ambas fallas pudieron activarse con muy poco tiempo de diferencia en el pasado.Curiosamente, esta investigación comenzó con un error de navegación durante una expedición científica en 1999. El barco de Chris Goldfinger se desvió de su ruta y terminó cerca del cabo Mendocino, donde el equipo decidió recoger una muestra. Aquella casualidad reveló la peculiar estructura de sedimentos y dio origen a más de dos décadas de investigación.