El antiguo pavimento de la Plaza Nueva de Sevilla reaparece a 500 kilómetros: por qué un pedazo del centro descansa hoy en un bosque de Ávila

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Cualquiera que haya paseado últimamente por el centro de Sevilla habrá visto las obras que se están llevando a cabo para renovar el suelo de la Plaza Nueva. Las viejas baldosas de granito, desgastadas por el paso de miles de personas y agrietadas por el peso de las máquinas, se han levantado para poner unas nuevas. Lo que casi nadie podía imaginar es que un trozo de ese mismo suelo iba a terminar a más de cinco mil kilómetros de distancia, descansando tranquilamente entre pinos y rocas en la sierra de Ávila. El responsable de esta historia es Alberto Muñoz Santos , un artista y geógrafo sevillano. Aprovechando las obras de remodelación que empezaron en 2025, la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Sevilla le cedió un camión cargado con el material que se estaba retirando. Tras usar una parte para una exposición en la Facultad de Bellas Artes de la ciudad, Alberto decidió llevarse unos siete metros cuadrados de ese granito desgastado hasta el Cerro Gallinero , un espacio de arte al aire libre situado en el pueblo abulense de Hoyocasero. La obra se llama 'Ciclo cerrado' y forma parte de las intervenciones que se presentan este mes de septiembre de 2026 en el monte. Al llegar al lugar, uno no se encuentra una escultura colocada sobre un pedestal, sino el propio suelo de la plaza montado sobre una zona llana, encajado entre los grandes bloques de piedra natural de la montaña. La estampa llama mucho la atención porque junta dos cosas muy distintas. Por un lado, la piedra del monte que lleva allí toda la vida; por el otro, las baldosas que han pisado los sevillanos durante años. Con este trabajo, el artista busca cerrar un círculo perfecto : el granito que un día se sacó de la tierra para construir una ciudad vuelve ahora al campo y a la montaña, regresando a su origen. Para explicarlo, el propio creador compara este trozo de pavimento con una persona mayor que se retira al campo a descansar después de haber trabajado toda la vida. Las piezas no están pulidas ni impecables, sino que conservan todas sus arrugas, sus grietas y las marcas de todo el tránsito que han aguantado. Más allá de lo curioso que resulta el viaje de las piedras, el artista pretende con esta obra invitar a pensar en las huellas que dejamos a nuestro paso. Ese pedazo de suelo lleva encima un trocito del día a día de Sevilla: los niños jugando, los paseos por las mañanas, los pasos y nazarenos que cruzan en Semana Santa y todos los eventos y ferias que se han celebrado en la plaza. Pero al colocarlo en mitad del campo, el tiempo empieza a actuar de otra manera. Entre los huecos y las grietas que han quedado al recolocar las baldosas rotas, las hierbas del monte han empezado a salir poco a poco. Lo que en la ciudad era un suelo cerrado de cemento y piedra, aquí se convierte en un rincón donde las plantas vuelven a abrirse paso. El Centro de Arte y Naturaleza Cerro Gallinero no es el típico museo cerrado. Es un espacio abierto en mitad del monte donde las obras de los artistas se van descubriendo mientras se da un paseo por el bosque. Si estás pensando en ir a ver este pedazo de la Plaza Nueva en persona, estos son algunos datos que debes saber: Alberto Muñoz Santos lleva desde 2012 investigando la relación entre los oficios del campo, el paisaje y el territorio. Con esta idea tan sencilla, ha conseguido que un trocito del suelo de Sevilla y los montes de Ávila queden unidos de una forma muy bonita a través del arte y la naturaleza.