«Prima de riesgo de Colombia seguirá descendiendo»: Manuel García de Skandia analiza la coyuntura de país frente al panorama global

Wait 5 sec.

Manuel García, vicepresidente de gestión patrimonial en Skandia.Foto: SkandiaLos mercados financieros colombianos pasaron de la calma a la cautela y de nuevo a la calma en medio de la radicación del Presupuesto General de la Nación (PGN) para 2027, el anuncio de una Ley de ajuste fiscal y las reuniones del Ministerio de Hacienda con los creadores de mercado.En este contexto de reajuste de expectativas, Manuel García, vicepresidente de Gestión Patrimonial en Skandia, analizó la coyuntura macroeconómica del país y destacó que, si bien persisten problemas estructurales profundos como una deuda pública que roza el 60 % del PIB, la variable fundamental para la estabilización es la «certidumbre».Según dijo, cuando el Gobierno presenta planes de ajuste creíbles, se activa un círculo virtuoso que no solo reduce la prima de riesgo país, sino que estimula la inversión privada, la reactivación industrial y la generación de empleo formal a través de sectores clave como la construcción.Esto en medio de un panorama atípico en el que los mercados emergentes podrían desacoplarse del endurecimiento financiero que azota al mundo desarrollado, donde las tasas de los bonos en Japón, Europa y Estados Unidos tocan máximos de varias décadas debido a la feroz competencia por recursos fiscales.Colombia, según el directivo, tiene la oportunidad histórica de convertirse en uno de los ganadores de esta carrera de atracción de capital que hoy por hoy lidera Latinoamerica si logra consolidar la credibilidad de sus anuncios domésticos.¿Cómo evalúan el sentimiento actual del mercado local tras la llegada del nuevo gobierno y la presentación de las cifras del presupuesto para 2027?Creo que hemos tenido dos momentos muy claros en menos de un mes. Inicialmente, la expectativa frente a la nueva administración era favorable, impulsada por la proyección de una agenda fiscal más clara que trazara un norte definitivo. No obstante, la presentación del presupuesto de 2027 generó sorpresa con cifras que nadie tenía en el radar: un aumento considerable del gasto total, un déficit superior al 9 % del PIB y la necesidad de emitir casi $160 billones en deuda local, además de un tramo internacional. La reacción de los mercados fue inmediata, reflejándose en un incremento en el precio del dólar.Actualmente, a medida que el mercado decanta estas cifras y el Gobierno aprovecha escenarios como el Congreso de la ANDI para precisar su estrategia, la actitud ha pasado a ser de expectativa constructiva. El anuncio de un plan de ajuste fiscal centrado en el recorte de gastos y el compromiso de refinanciar los complejos vencimientos de marzo y noviembre de 2027 para bajar el costo de los intereses son señales positivas que al mercado le gustan. Ahora el reto del Gobierno es convertir esos anuncios en realidades concretas mediante la radicación del proyecto de ajuste y la reducción de la carga de amortizaciones para el próximo año.El país arrastra deudas y presiones importantes. ¿Son suficientes estos anuncios para disipar los temores de fondo?Esto no elimina el problema de fondo, que radica en que Colombia arrastra un endeudamiento cercano al 60 % del PIB y un déficit fiscal persistente. Sin embargo, los mercados operan principalmente sobre la base de la certidumbre. Cuando el Estado ofrece una ruta clara y creíble, la reacción de los inversores es favorable, marcando una diferencia sustancial frente a la falta de previsibilidad que caracterizó los últimos años de la administración anterior.La certidumbre es la palabra clave aquí: si se consolida, la inversión privada y la inversión extranjera directa comenzarán a fluir con mayor dinamismo hacia el país al ver un rumbo definido. Se trata de activar un círculo virtuoso muy positivo para los próximos años.¿Qué tan rápido estima que reaccionarán indicadores sensibles como la inversión privada ante este nuevo ambiente?Estoy convencido de que los efectos se verán durante este mismo mandato presidencial. Es evidente que las decisiones de inversión maduran despacio y requieren de un análisis de viabilidad financiera riguroso, pero este proceso se está viendo favorecido por otras iniciativas estatales. Por ejemplo, el Ministerio de Comercio ha liderado un proyecto clave para desmontar trabas burocráticas, papeles y sellos que históricamente han asfixiado el emprendimiento nacional.La suma de estas reformas regulatorias con la estabilidad fiscal detonará el círculo virtuoso. Aunque construir una planta industrial toma tiempo, las señales de reactivación ya son visibles; vemos con optimismo que se reanuden conversaciones con multinacionales automotrices para reactivar el ensamblaje en Colombia, lo cual daría un valor agregado invaluable a nuestro aparato productivo.En este contexto sectorial, ¿cómo analizan el impacto de la reconstrucción post-terremoto en la construcción, considerando que venía muy golpeado?El impacto será enorme y actuará como un motor indiscutible para la economía. Debemos tener en cuenta que el sector de la construcción venía de una base muy deprimida por cuenta de la fuerte contracción en subsidios de vivienda como «Mi Casa Ya» y el encarecimiento de costos asociado al alza del salario mínimo.Ante esta coyuntura, la adición presupuestal de más de $4 billones solicitada por el Ministerio de Vivienda generará un verdadero boom en el sector. Aunque lamentamos que este impulso se derive de un desastre natural, la actividad constructora dinamizará con fuerza el empleo formal, absorbiendo mano de obra no calificada que hoy se encuentra principalmente refugiada en el empleo por cuenta propia.Los mercados financieros mostraron volatilidad tras conocerse el presupuesto, reflejado en repuntes de los CDS (Credit Default Swaps) y las tasas de los TES. ¿Es un bache temporal o un cambio de tendencia?Considero que estos movimientos son completamente normales dentro de la dinámica de los mercados. Lo que realmente resultaba atípico era el comportamiento previo de nuestro CDS. Históricamente, el seguro contra impago de Colombia se ubicaba en niveles similares a los de México y considerablemente por debajo de los de Brasil. Sin embargo, en los últimos años experimentamos anomalías que llevaron a que el riesgo percibido de Colombia fuera superior al de la economía brasileña.Tras el sinceramiento de las cuentas y la presentación del presupuesto se generó un bache, pero la tendencia de fondo hacia la baja en los indicadores de riesgo de Colombia debería reanudarse si el plan fiscal es creíble y la ruta trazada se ejecuta con éxito. Preveo que la prima de riesgo continuará descendiendo, lo que permitirá que las tasas de los TES —que hoy se encuentran en niveles elevados de entre el 12% y el 13%— converjan de forma decidida hacia la baja durante los próximos meses.¿Qué papel jugará la tasa de intervención del Banco de la República en este descenso de los rendimientos de la deuda pública?A diferencia de lo que piensa la mayoría, considero que la tasa del Banco de la República no ejerce una influencia determinante sobre el comportamiento de la deuda pública. Las altas tasas de interés que paga el Gobierno responden más a un fenómeno económico conocido como crowding out (desplazamiento).Dado que el mercado sabía de las gigantescas necesidades de financiamiento del Gobierno y de su disposición a pagar altas tasas para asegurar los recursos, los inversionistas prefieren resguardar su capital en deuda soberana en lugar de destinarlo a proyectos productivos. Esto es pura dinámica de oferta y demanda en un mercado de recursos limitados, independiente de la tasa de política monetaria. En la medida en que el ajuste fiscal contenga el gasto público y sea exitoso el reperfilamiento de deuda, la inflación cederá de manera natural, abriendo el espacio definitivo para que el Banco de la República reduzca sus tasas de interés.A nivel global hay una fuerte presión al alza en los bonos de países desarrollados como Japón y Estados Unidos. ¿Qué explica este fenómeno y cómo afecta a Colombia?Estamos presenciando una coyuntura muy interesante. Los bonos soberanos de Japón alcanzaron rendimientos máximos no vistos en los últimos 30 años (rozando el 3%), y en Estados Unidos el bono de referencia a 10 años escaló al 4,70%, mientras que los títulos a 30 años superaron el 5,20%. Esta presión responde a que todos los gobiernos desarrollados están compitiendo agresivamente por recursos mediante emisiones masivas de deuda, convirtiendo el mercado financiero en una verdadera feria de tasas altas para atraer inversionistas.Sin embargo, los mercados emergentes —particularmente América Latina y Colombia— están transitando por un ciclo completamente diferente. Las estadísticas de flujos del Banco de Pagos Internacionales (BIS) muestran que la región está captando volúmenes de inversión muy significativos proporcionalmente a su tamaño.Este ciclo favorable para los emergentes se apoya en un nuevo superciclo de bienes básicos, con el cobre alcanzando precios récord y el petróleo cotizándose establemente en torno a los US$90 por barril, beneficiando directamente las balanzas comerciales de economías como Chile, Brasil, México y la propia Colombia. Asimismo, países como Corea y Taiwán captan inmensos recursos de inversión gracias a gigantes de la tecnología como Samsung, Hynix y TSMC, proveedores indispensables para el auge global de microchips e inteligencia artificial. Por lo tanto, este desajuste en el mundo desarrollado no se ha traducido en mayores presiones para nuestra deuda local, consolidando a los emergentes como los grandes atractores de capital en este periodo.¿Este comportamiento diferencial de la región responde también a factores políticos?Indudablemente, los factores políticos juegan un papel clave, ya que los mercados financieros siempre tienen preferencia por políticas económicas ortodoxas. La región ha venido experimentando un viraje hacia posturas más afines con la ortodoxia y la estabilidad, con casos muy marcados como el de Argentina y procesos más moderados, pero institucionalmente claros en Chile y la misma Colombia. Si logramos conjugar esta estabilidad política con el aprovechamiento inteligente del auge de las materias primas (incluidos los productos agrícolas), el país y la región se consolidarán como los grandes ganadores del escenario económico global en los años venideros.