De paso por ciudad de Panamá, visité a mi hermano Manuel, a quien no veía hacía más de diez años. Vive en una fortaleza amurallada, rodeado de custodios que darían la vida por él. Es más fácil ver al Papa en el Vaticano que entrar en la ciudadela de mi hermano. El reencuentro, propiciado por él, fue también una reconciliación. Nos habíamos distanciado porque le aconsejé torpemente que no se casara con la mujer que es ahora su esposa. Le dije: acabas de conocerla hace pocos meses, comprendo que estés enamorado, pero no te apures en casarte. También le dije: y si vas a casarte sin conocer bien a tu novia, debes firmar una separación de bienes. Ya entonces Manuel... Ver Más