Un proyecto de 20 años analiza 7500 fósiles marinos y revela por qué hallamos especies de distintas épocas en la misma capa

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A primera vista, una capa de fósiles marinos puede parecer una fotografía del pasado. Conchas, esqueletos y restos de distintos animales aparecen juntos en el mismo sedimento, como si todos hubieran vivido allí al mismo tiempo. Pero esto es engañoso. Algunos de esos organismos quizá estuvieron separados por cientos, incluso miles de años. Para los paleontólogos, saber cuánto tiempo hay realmente concentrado en una capa de fósiles es muy importante para entender cómo eran los ecosistemas de hace miles o millones de años.Este fenómeno se conoce como promediación temporal. Sucede cuando restos de organismos que vivieron en épocas diferentes terminan acumulándose y conservándose en el mismo lugar. En el fondo del mar, este proceso puede ser especialmente importante. En apenas un metro cuadrado puede haber miles de túneles excavados por todo tipo de pequeños animales como gusanos o camarones. Mientras se mueven por el sedimento, remueven continuamente el fondo y desplazan conchas y otros restos que encuentran a su alrededor.Una misma capa, miles de años de historia Restos fósiles de un espécimen de Archaeopteryx localizado en BerlínEl verdadero problema aparece mucho después, cuando ese sedimento queda enterrado y pasa a formar parte del registro fósil. En ese momento, ya no resulta sencillo saber cuánto tiempo representa. Y la diferencia importa mucho. Daniele Scarponi, de la Universidad de Bolina, compara algunas asociaciones fósiles con las ruinas de Pompeya: fueron enterradas rápidamente y pueden conservar una comunidad casi como una instantánea. Otras se parecen más a un cementerio utilizado durante siglos, donde los restos de distintas generaciones se fueron acumulando poco a poco. Los dos tipos de registro pueden aportar información muy valiosa, pero no permiten responder las mismas preguntas.Hay varios factores que influyen en esta diferencia de épocas. Uno de ellos es la capacidad de los restos para mantenerse en el tiempo. La mayoría de los organismos desaparecen mucho antes de llegar a fosilizarse, ya sea porque son consumidos por otros animales o porque se descomponen. Por eso, cuando hablamos del registro fósil, encontramos sobre todo restos resistentes como conchas o huesos. Aun así, estos restos tampoco son indestructibles y pueden deteriorarse si permanecen demasiado tiempo expuestos antes de quedar enterrados.También influye la cantidad de vida que haya en una determinada zona. Cuantos más organismos vivan allí, más restos habrá disponibles para acabar formando parte del registro fósil. Y, por supuesto, la actividad de los animales que excavan el fondo puede contribuir a mezclar restos de distintas edades. No obstante, después de reunir datos obtenidos durante unos 20 años, un equipo de investigadores ha llegado a una conclusión: de todos estos factores, el que más pesa es la velocidad a la que se acumula el sedimento. El megalodón era más grande de lo que pensábamosCuando el sedimento se deposita rápidamente, las conchas y los huesos quedan enterrados poco después de que los animales mueran. Hay menos tiempo para que estos restos sean desplazados o se mezclen con los de otras generaciones. Si, por el contrario, el sedimento se acumula lentamente; los restos pueden permanecer durante mucho tiempo en la superficie. Durante ese periodo pueden mezclarse con materiales de diferentes épocas antes de quedar enterrados. Por eso, en una misma capa puede acabar representado un periodo de tiempo mucho más largo, como explican en su estudio publicado en PNAS.Para poner esta idea a prueba, paleontólogos de Australia, Austria, Bahamas, Brasil, Alemania, Eslovaquia, Italia y Estados Unidos reunieron datos procedentes de distintos proyectos. En total, analizaron más de 7.500 fósiles marinos recogidos en zonas muy diferentes, desde aguas costeras poco profundas hasta zonas en alta mar.Para conocer la edad de los fósiles utilizaron, entre otras técnicas, la datación por radiocarbono. El carbono-14 es un isótopo radioactivo que está presente en los organismos vivos y cuya cantidad disminuye de manera predecible después de la muerte. Su vida media es de unos 5.730 años, por lo que resulta especialmente útil para estudiar restos relativamente recientes, de hasta aproximadamente 55.000 años. Los investigadores también utilizaron la racemización de aminoácidos, una técnica que se basa en determinados cambios químicos que se producen con el paso del tiempo.Una investigación a gran escala para descubrir qué pesa más Uno de los gráficos que acompañan al estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS)Analizar miles de fósiles de esta manera no es barato. De hecho, el coste de las dataciones es una de las razones por las que hasta ahora había sido tan difícil reunir un conjunto de datos de semejante tamaño. Los distintos equipos habían trabajado durante años en proyectos independientes y, al darse cuenta de que sus investigaciones podían complementarse, decidieron unir sus resultados. Los avances tecnológicos también han ayudado a reducir los costes y permiten trabajar con muestras más pequeñas que en el pasado.Con todos los datos reunidos, los científicos fueron un paso más allá. Crearon simulaciones usando ordenadores en las que podían cambiar variables como la actividad de los animales que remueven el sedimento, la velocidad de la acumulación y la destrucción de los restos. Después compararon los resultados de esas simulaciones con las edades que habían encontrado en los fósiles reales.La comparación dejó bastante claro cuál era el factor dominante: la velocidad de sedimentación. Cuanto más rápido se acumula el sedimento, menor es la posibilidad de que restos pertenecientes a distintas generaciones terminen mezclados en una misma capa. Descubren el origen del fósil más extraño del planetaEl descubrimiento puede cambiar la manera en que los paleontólogos interpretan las asociaciones fósiles. Una capa llena de conchas y huesos no tiene por qué representar una comunidad que vivió al mismo tiempo. En algunos casos, esos pocos centímetros de roca pueden contener una historia que se desarrolló durante miles de años.Entender esa diferencia permitirá reconstruir con mayor precisión los ecosistemas del pasado y evitar interpretaciones equivocadas sobre la biodiversidad, las relaciones entre especies o los cambios ambientales. Y la idea podría ser útil en otros escenarios. Si la relación entre sedimentación y promediación temporal también se mantiene en registros geológicos mucho más antiguos, los investigadores podrían aplicar el mismo principio, junto con otras técnicas de datación, para comprender mejor cómo cambió la vida en la Tierra a lo largo de su historia.