Creíamos que el cuerpo envejecía poco a poco, pero la ciencia descubre dos fases de envejecimiento acelerado: a los 30 y a los 50 años

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Solemos dar por hecho que envejecer es un camino constante y predecible: sumamos años, el cuerpo se desgasta al mismo ritmo y la vida sigue su curso. Pues bien, un estudio reciente publicado en Nature Aging acaba de desmontar esta idea. Nuestro envejecimiento va por fases, donde cada órgano lleva su propia velocidad y las hormonas van marcando las pautas. En la práctica, no tenemos un único proceso de envejecimiento, sino algo así como decenas de relojes internos funcionando a destiempo.Para ver qué ocurre realmente, un equipo liderado por el biólogo computacional Sanju Sinha diseñó un programa informático llamado PathStAR. En lugar de limitarse a calcular la edad genética, que es lo habitual en los estudios, el programa analizó la arquitectura física y microscópica de más de 25.000 muestras de tejido humano procedentes de casi 1.000 donantes de entre 21 y 70 años. Eran gigabytes de imágenes patológicas que llevaban años archivados y prácticamente nadie había aprovechado para entender cómo cambia nuestra estructura con el paso de los años.Un calendario biológico lleno de sorpresas El envejecimiento no afectaría a todo el cuerpo por igual: mientras que la mayoría de los órganos siguen un patrón "bifásico" (c, f), las arterias se deterioran a edades más tempranas (a, d) y tanto el útero como la vagina experimentan un mayor envejecimiento en etapas más tardías (b, e)El análisis dejó claro que los órganos no envejecen al mismo compás. Las arterias, por ejemplo, son las que lo hacen primero: sufren su mayor desgaste cuando tenemos unos 30 años. Es justo en esa década cuando la formación de placas se dispara, sentando las bases de la aterosclerosis; así que, aunque a los 30 unos se sientan en su mejor momento, no podríamos decir lo mismo de las arterias. En cambio, en las mujeres, el útero o la vagina se mantienen bastante estables durante décadas y no experimentan grandes cambios hasta rondar los 50, cuando el declive del estrógeno durante la menopausa pasa factura.Los ovarios mostraron un comportamiento todavía más curioso: envejecen a "tirones". Tienen un primer pico de cambio acelerado entre los 35 y 40 años, y otro alrededor de los 60. Cabe destacar que este patrón en dos fases, una aceleración a los 30 y otra a los 50, apareció en más de la mitad de los tejidos estudiados. Se repite en la próstata y los testículos, pero también en el esófago, el estómago y el colon. Por eso los investigadores apuntan a que los ovarios podrían actuar como una especie de marcapasos para todo el organismo: las hormonas viajan por la sangre y afectan directamente a receptores repartidos por lugares tan distantes como la mucosa digestiva. Un estudio detecta evidencia de que el envejecimiento es contagiosoEn todos los tejidos que sufrieron estas aceleraciones, los daños compartían la misma huella: aumentaba la inflamación y caían tanto la producción de energía como los sistemas celulares encargados de la limpieza (autofagia) y reciclaje (proteosoma). Es verdad que hay que coger los datos con pinzas, ya que son muestras post mortem y un cambio físico no siempre implica un fallo funcional. No obstante, si nuestros órganos envejecen en momentos tan distintos, no tiene mucho sentido buscar una pastilla antiedad universal. El verdadero futuro de la medicina preventiva podría estar en proteger el órgano adecuado justo en la década en la que es más vulnerable.