Sam Altman, CEO de OpenAI y padre de ChatGPT: «Un niño que está creciendo hoy nunca será más inteligente que la IA»

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Un alumno puede recibir la solución de un problema en la pantalla y seguir sin saber resolverlo cuando cierra el ordenador. Esa distancia entre obtener una respuesta y aprender ayuda a entender lo que está en juego cuando se habla de una generación que crecerá rodeada de inteligencia artificial.Sam Altman sitúa a los niños en el centro de su pronóstico sobre esa convivencia. El consejero delegado de OpenAI sostiene que crecerán con máquinas más inteligentes que ellos y que darán por hecho que los productos cotidianos pueden ayudarles. Para el empresario, esa familiaridad cambiará las expectativas sobre la tecnología.Conviene distinguir las dos afirmaciones. Que un programa resuelva una tarea mejor que una persona permite evaluar esa capacidad concreta; afirmar que ningún niño llegará a superar a la IA durante su vida es una predicción sobre el futuro. Tampoco explica, por sí sola, qué debe aprender un estudiante ni cómo enseñárselo.Asistentes cotidianos, como enchufar una lámpara "Un niño que está creciendo hoy nunca será más inteligente que la IA y nunca entenderá un mundo en donde todo producto y servicio con el que interactúa no sea inteligente, capaz y de ayuda." Sam Altman ante el G20. pic.twitter.com/5qkxZndkmT— Maximiliano Firtman (@maxifirtman) September 5, 2026 La declaración corresponde a la conversación que Altman mantuvo con el secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick, el 2 de septiembre de 2026, en Chapel Hill, Carolina del Norte, recogida por Reuters. El programador Maximiliano Firtman difundió el fragmento en X el 5 de septiembre. El vídeo recoge un pronóstico sobre los niños y sobre la presencia de asistentes en los servicios que utilizarán.La comparación del empresario es con la electricidad: espera que la IA acabe tan integrada en la vida diaria que deje de ser un tema de conversación constante. Calcula que eso ocurrirá en una década. Su argumento incluye servicios que el usuario dará por supuestos, una ambición que también ayuda a entender su proyecto con Jony Ive para crear dispositivos de IA.El lugar elegido para ese mensaje también cuenta. Según el comunicado de la Casa Blanca, la reunión ministerial del G20 congregó a responsables públicos con dirigentes de compañías como Nvidia, Anthropic y OpenAI. Allí se trataron la formación de trabajadores y las asociaciones con el sector privado: decisiones que afectan a gobiernos y empresas, más allá del uso individual de un chatbot. La relación con los gobiernos ocupa un lugar destacado en los planes del empresario.Aprender exige algo más que recibir solucionesEn las aulas, la comparación útil es qué aprende el estudiante con cada herramienta. Un ensayo de investigadores de la Universidad de Pensilvania, publicado en PNAS en junio de 2025, estudió a cerca de mil alumnos de matemáticas de secundaria en Turquía. Comparó un asistente similar a ChatGPT con otro diseñado para guiar el aprendizaje y con un grupo sin esa ayuda. El diseño del tutor cambió los resultados, una diferencia relevante para valorar la IA para estudiar.Mientras podían consultar la herramienta, los alumnos de ambos grupos asistidos mejoraban su rendimiento. Al retirarla, quienes habían utilizado el asistente general obtenían peores resultados que el grupo que había practicado sin él. En cambio, el tutor con instrucciones educativas reducía en gran medida ese perjuicio. El experimento muestra que resolver mejor durante la práctica puede coexistir con aprender menos para el examen, una cuestión que complica el debate sobre los deberes con chatbots. Sus resultados corresponden a esas herramientas y a ese contexto escolar.La guía de la UNESCO sobre IA generativa y educación pide conservar la autonomía del alumno y comprobar la utilidad pedagógica de los sistemas antes de adoptarlos. Entre sus recomendaciones figuran proteger los datos personales, adaptar el uso a la edad y evitar que la tecnología suprima oportunidades de razonar o experimentar. También reclama responsabilidad humana sobre la exactitud de los contenidos generados.Para un profesor, esa exigencia tiene una traducción concreta: comprobar si el alumno puede explicar el procedimiento que ha seguido. Aunque disponga de una herramienta capaz de contestar, entender por qué la respuesta es correcta sigue siendo parte del trabajo que debe hacer él.