La ciencia estudió durante décadas cerebros muertos como si conservaran intactas las huellas de la vida. Ahora sabemos que más de la mitad de sus proteínas cambian después del último latido

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La comparación entre tejido cerebral vivo y muestras post mortem revela una transformación molecular mucho más profunda de lo esperado. El hallazgo obliga a revisar parte de lo que creíamos saber sobre la memoria, las emociones y las enfermedades neurológicas.