Nuestro cráneo cambió al doble de velocidad que el de los grandes simios. La presión de entendernos, competir y vivir en grupo pudo acelerar la evolución humana

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El análisis 3D de más de 20 especies de primates revela que el linaje humano transformó su anatomía craneal a un ritmo excepcional. El motor no habría sido solo un cerebro más grande, sino la creciente complejidad de nuestras relaciones sociales.