Durante mucho tiempo, la comunidad científica ha aceptado que el universo no solo se expande, sino que lo hace a un ritmo cada vez más rápido debido a la energía oscura. Dicha energía representa la mayor parte del cosmos, pero jamás ha sido detectada directamente; suele teorizarse como una energía de vacío, un campo dinámico o incluso "arrugas" en el tejido espacio-tiempo. No obstante, existe la posibilidad de que todo lo que creemos saber sobre este fenómeno sea fruto de un sesgo de observación. La clave para desentrañar la verdadera naturaleza de la expansión del cosmos siempre ha estado en las supernovas del tipo Ia, pero un nuevo análisis apunta a que podríamos haber interpretado mal sus señales.Las supernovas del tipo Ia han servido tradicionalmente como los faros guía de la cosmología. Estas colosales explosiones ocurren en sistemas estelares binarios donde la enana blanca engulle materia de su estrella compañera o se fusiona con otra enana blanca hasta desencadenar una reacción termonuclear descontrolada. Como estas explosiones alcanzan un límite de brillo predecible, permiten a los astrónomos calcular la distancia exacta a la que se encuentran. Al comparar esa distancia con la velocidad a la que se alejan de nosotros, los científicos dedujeron a finales del siglo pasado que el universo estaba acelerando su expansión, un descubrimiento que cambió la física para siempre.La edad de las estrellas revela un fallo en el modelo cosmológico Una investigación liderada por el físico teórico Subir Sarkar, de la Universidad de Oxford, junto a los investigadores Animesh Sah y Mohamed Rameez, podría cambiarlo todo. Sarkar ha mantenido durante mucho tiempo una postura escéptica respecto a la aceleración del cosmos y ahora ha presentado pruebas que podrían dar un vuelco a la teoría dominante. Al analizar los datos del catálogo de supernovas Pantheon+, el equipo aplicó una corrección que hasta ahora se había pasado por alto: la edad de las estrellas que originan las explosiones.Hasta la fecha se asumía que el brillo de una supernova de tipo Ia era independiente de la edad de su estrella progenitora. Pues bien, al corregir los datos en función de esta variable, los investigadores descubrieron que las supernovas procedentes de estrellas más jóvenes son sistemáticamente más tenues que las nacidas de estrellas más antiguas. Esta precisión lo cambia todo, ya que cuando observamos supernovas extremadamente lejanas, estamos mirando hacia el pasado distante del universo, donde las estrellas eran inevitablemente más jóvenes. Por lo tanto, su menor brillo no se debe a que estén a una distancia extrema impulsadas por una aceleración cósmica, sino simplemente a la propia naturaleza de sus estrellas progenitoras.Este espejismo de luminosidad sugiere que la aceleración observada podría ser ilusoria y que la expansión del universo no se está acelerando, sino que en realidad podría estar frenándose. Además, Sarkar y su equipo descubrieron que esta supuesta aceleración no es igual en todas las direcciones, sino que es asimétrica. Si la energía oscura fuera una constante cosmológica real, debería comportarse de manera idéntica en cualquier dirección. La supernova más lejana podría tener la clave para desvelar el origen de la materia oscuraTodo esto desafía directamente el pilar sobre el que se asienta el modelo cosmológico estándar, el cual asume que el universo es perfectamente homogéneo o isotrópico a gran escala. La física actual ya enfrentaba puntos de ruptura importantes, como la llamada tensión de Hubble, que muestra una contradicción entre la velocidad de la expansión medida en el universo cercano y la calculada a partir del universo primigenio. Al demostrarse que la corrección por la edad de las estrellas elimina la evidencia de una expansión acelerada y uniforme, la ciencia se encuentra ante la posibilidad de que no vivamos en un cosmos simétrico, lo que obligaría a reescribir nuestra comprensión sobre la energía oscura y el destino final del universo.