La inmunidad que te dejó la COVID podría convertirse en un arma contra el cáncer: los ensayos en humanos de esta vacuna llegan muy pronto

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La memoria inmunológica es uno de los puntos fuertes de nuestro sistema de defensa: cuando nos vacunamos o superamos una enfermedad, nuestro cuerpo guarda el recuerdo del virus para reaccionar más rápido en el futuro. Tras la pandemia de COVID-19, la gran mayoría de la población mundial posee este tipo de memoria contra la proteína spike del SARS-CoV-2. Un grupo de científicos ha decidido no quedarse ahí y aprovechar ese historial defensivo para combatir una enfermedad completamente distinta: el cáncer. A través de una innovadora plataforma llamada PROEXI, investigadores de UH Hospitals Rainbow Babies & Children’s Hospital en Ohio están redirigiendo esta inmunidad hacia el tratamiento de tumores. En cuanto al estudio, ha sido publicado en Nature Communications.La idea detrás de este desarrollo surge para resolver un problema recurrente en las vacunas contra el cáncer. El sistema inmunitario cuenta con dos tipos principales de aliados: las células T citotóxicas CD8, que destruyen directamente las células cancerosas, y las células T colaboradoras CD4, que actúan como "comandantes", indicando hacia dónde ir y manteniéndolas activas. Identificar "comandantes" específicos para cada tipo de cáncer es un proceso caro y complejo, por lo que muchas vacunas experimentales se saltaban este paso. El equipo dirigido por el doctor John Letterio se planteó una alternativa revolucionaria: utilizar los "comandantes" que casi todas las personas ya tienen gracias a la vacunación o infección previa por COVID-19.Una estrategia innovadora basada en la doble señal para el sistema inmunitario Así funciona PROTEXIPara llevar a cabo este ataque coordinado, la plataforma utiliza las células dendríticas del propio paciente, que son las encargadas de entrenar al sistema inmunitario. En el laboratorio, estas células se cultivan y se cargan simultáneamente con dos elementos: fragmentos de proteínas del tumor del paciente y fragmentos de la proteína spike del coronavirus. Al reintroducir estas células vivas en el organismo, se presenta una doble señal que convoca a los comandantes ya entrenados contra el coronavirus para que dirijan y potencien el ataque contra las células cancerosas.Durante las pruebas de laboratorio, los investigadores descubrieron un fenómeno conocido como efecto de propagación de epítopos. Tras iniciar la respuesta inmunitaria con los objetivos seleccionados, el propio cuerpo comenzó a reconocer espontáneamente otras partes del tumor que ni siquiera estaban incluidas en la vacuna original. Este comportamiento es clave porque los tumores suelen ser expertos en camuflarse para evitar ser detectados. En los ensayos preclínicos con modelos de ratón humanizados para melanoma y cáncer de mama, PROTEXI demostró reducir significativamente el crecimiento tumoral y mejorar la supervivencia, superando con creces la eficacia de las vacunas que solo empleaban células dendríticas convencionales. Además, la protección demostró ser duradera: los ratones que habían superado el tumor rechazaron nuevas células cancerosas semanas después de recibir tratamientos adicionales. Los investigadores constataron incluso que, al transferir células inmunitarias de los ratones supervivientes a otros sin tratar, estos últimos también quedaban protegidos contra el tumor. Así es la esperanzadora revolución molecular que ya planta cara al cáncerAunque la tecnología del ARN mensajero utilizada en vacunas contra el cáncer como las de BioNTech y Moderna representa un gran avance al ofrecer instrucciones genéticas personalizadas, PROTEXI propone un enfoque diferente basado en células vivas del paciente como vehículo de transporte de ambas señales. Si bien el coronavirus ha sido el primer objetivo utilizado para esta prueba de concepto, los científicos señalan que en el futuro se podrían aprovechar las memorias inmunitarias contra otros patógenos comunes, como el virus de Epstein-Barr, el citomegalovirus o el virus de la gripe.