Rebelión contra las 'gafas espía' de Meta: cada vez más restaurantes, bares y teatros prohíben su uso

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Pese a la confianza depositada por Meta en las salvaguardas con las que operan sus gafas inteligentes, lo cierto es que el resto del mundo no parece compartir esa tranquilidad. La privacidad es una cuestión que genera preocupación tanto a particulares como a instituciones, con organismos en la Unión Europea que buscan la forma de regular este tipo de dispositivos ante el riesgo de una vigilancia masiva sin consentimiento.Con el objetivo de proteger la intimidad de trabajadores y clientes, el veto a este tipo de wearables se extiende por el Reino Unido ante la creciente preocupación de gerentes, encargados y propietarios del sector de la restauración. Cada noticia que sale a la luz sobre el uso indebido de las Meta Glasses se convierte en un argumento más para quienes prefieren prevenir antes que lamentar.Veto a las Meta Glasses en locales de ocio y restauración de Reino Unido Los diferentes estilos de las nuevas Meta GlassesEsa nueva corriente que prohíbe el uso de las gafas inteligentes de Meta en locales de ocio la recoge el periódico británico The Guardian, que apunta a una serie de figuras dentro del mundo de la restauración en Inglaterra como impulsores de un movimiento que lejos de frenar, parece en expansión.De hecho, la prohibición ya es una realidad en los locales de alta cocina del afamado restaurador Jeremy King, propietario de establecimientos tan emblemáticos en Londres como Simpsons in the Strand, Arlington o The Park. En ninguno de sus restaurantes se permite el acceso con las gafas inteligentes de Meta, una medida drástica motivada por el riesgo de que los clientes acaben figurando sin su consentimiento en vídeos o fotografías ajenas.El propio King destaca, en palabras recogidas por The Guardian, que "jamás permitiría a sabiendas ninguna invasión de la privacidad de los huéspedes, salvo con los ojos con los que nacimos".En esa misma línea operan los exclusivos clubes privados de Soho House y cadenas de pubs tan populares como Wetherspoons, que han decidido prohibir o restringir su empleo al exigir a los usuarios que se quiten las gafas o apaguen sus lentes. El motivo reside en la estricta normativa interna que prohíbe las grabaciones sin autorización previa, tal como recordó Tim Martin, presidente ejecutivo de Wetherspoons:  "No se puede grabar a clientes ni empleados sin su permiso. Las gafas Meta parecen contravenir esta norma, y el sentido común, al permitir la vigilancia subrepticia, por lo que nuestra recomendación es apagar las cámaras",Tim Martin, presidente ejecutivo de Wetherspoons Privacidad de la clientela y derechos de autor como argumentos para adoptar la medidaLa razón esgrimida por Martin es que este tipo de dispositivos pueden alterar la comodidad y el confort que los clientes buscan en sus establecimientos. De hecho, equipara la medida de privar del uso de las Meta Glasses a otra de sus normas básicas de convivencia dentro de sus establecimientos: no reproducir vídeos con sonido en el interior de sus pubs para no invadir el espacio personal del resto de clientes.Por su parte, la empresa de espectáculos en directo ATG Theatres ha tomado la determinación de solicitar a su público que evite el uso de gafas inteligentes durante las representaciones. En este caso, el factor determinante es la estricta prohibición de registrar en vídeo el material protegido por derechos de autor, motivo por el cual la compañía exige a los portadores de este tipo de tecnología que las mantengan a buen recaudo mientras permanezcan en las instalaciones.Con más de siete millones de unidades vendidas de sus gafas inteligentes, Meta ve cómo surgen nuevas reticencias ante el potencial riesgo que pueden implicar las grabaciones obtenidas en espacios con normativas propias que velan por el bienestar y la privacidad de sus clientes y asistentes. El poder de una tecnología capaz de registrar audio y vídeo con solo tocar la patilla de la montura pone a prueba los límites de la intimidad y obliga al sector del ocio a levantar una barrera preventiva en defensa del anonimato en la vida cotidiana.