Dejó la ciudad para irse a vivir al desierto más árido de Perú: 30 años después, un puñado de llamas convirtió la arena en un bosque productivo

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En 1995, un filósofo abandonó su casa en Lima y se instaló en pleno desierto de Ica, decidido a demostrar algo que sonaba casi imposible: que se podía devolverle fertilidad a la arena sin una sola gota de agroquímico. Tres décadas después, un puñado de camélidos andinos que nunca debieron estar ahí terminó siendo la pieza que faltaba