Aburrirse es un lujo cuando eres joven, aunque cada vez sea más complicado aburrirse con tanto estímulo vacío y tanta oferta inmediata. Si el hambre agudiza el ingenio, el aburrimiento estimula la imaginación. Es indispensable el tedio para activar una parte necesaria del espíritu de la niñez; el mundo de las ideas, los castillos de arena en el aire, la inventiva propia de quien fabrica artesanalmente sus remedios contra las horas. Búsquedas del tesoro, guaridas improvisadas, muñecos que hablan, hoyos infinitos. Hágame caso, la gente que es resolutiva es porque aprendió muy bien a aburrirse. Y se le ocurrieron mil movidas, y se las aviaron para divertirse con lo que había. También aprendieron a estar solos, y a aburrirse con... Ver Más