La lluvia y el minuto de silencio por la muerte de Jesús de Miguel, el delantero del Tenerife arrollado por el portero del Andorra, presidieron el inicio del partido. Laporta con su chubasquero amarillo llamaba la atención en el palco pero no tanto como el príncipe Guillermo. Unai Emery es junto a Manuel Pellegrini el entrenador más gafe del mundo y su equipo le empezó regalando el primer gol a Lamine y fallando a continuación tres remates clarísimos. Emery es un levanta uefas, un perdedor que se hace el nadador estilista para acabar siempre ahogado en la orilla. En su pedantería está su infortunio y el de sus equipos, que sólo ganan lo que no importa. La noche del 6 a 1 en este mismo Camp Nou, cuando era entrenador del PSG, contra el Barça de Luis Enrique, estaba en la memoria de todos. Y sobre todo en la suya. Y aunque los ingleses tuvieron ocasiones para empatar, desbaratadas las más peligrosas por un sensacional Joan García, se palpaba en el ambiente que si lo conseguían daba igual porque ahí estaba la fatalidad de su técnico para volverlos a perjudicar. La defensa de Flick era de tira cómica y la explicación de por qué su equipo está lejos de poder ganar la Champions. Lo que fallaban los delanteros visitantes -dejando a un lado las paradas de Joan García- era sólo explicable por el mal augurio de su técnico, igual que las varias ofrendas que hacían sus defensas al rival y que a punto estuvieron de propiciar el segundo gol por los mismos motivos que el primero. Cuando llueve, a Fermín se le deshace la permanente y con sus rizos alisados parece un pollo mojado. Lamine peleaba con más energía en la jugada que luz en la finalización. El Aston Villa llegaba más veces y Miss Barça menos, pero con más peligro. Miss Barça era superior pero no controlaba el partido. Los ingleses sabían qué hacer con el balón y sus transiciones eran eléctricas, vertiginosas, pero el destino trágico de su entrenador les impedía volar y los retenía en la derrota. Lenta la lluvia caía sobre Barcelona. El Aston Villa exigía algo más que los equipos menores de la Liga ante los que tanto puede lucirse Flick, pero mucho menos que equipos campeones como el PSG o el Real Madrid. Además, estaba lo de Emery. Flick sentó a Rodri, con molestias en el gemelo derecho, y dio entrada a Marc Bernal (y no a De Jong). Los regalos del Aston Villa en defensa volvieron tras el descanso, y el equipo se desvaneció. Lamine intentó aprovecharlos pero con menos fortuna que en el primer gol. Emery estaba muy activo en el área técnica, gritando a sus jugadores, sin darse cuenta de que cuanto más presente se hacía, más conjuraba su maleficio. Y efectivamente en el minuto 51, también por mala suerte, esta vez la mala suerte de un rebote en las piernas de un defensor, Raphinha marcó el segundo. El tercero no tuvo que ver con ningún oscuro designio y fue la producción conjunta de una gran jugada y centro de Cancelo y de un remate certero, menos fácil de lo que pareció, otra vez de Raphinha. El Aston Villa es un muy mal equipo. Por no perder el tiempo contra equipos como éste es por lo que Florentino quería la Superliga. Lo que los clubes gastan en sus jugadores y lo que los aficionados pagan por las entradas o por la suscripción de las plataformas televisivas merece algo mejor que rivales de tan poca enjundia. De Jong, Gabriel Jesús y Gavi entraron por Raphinha, Pedri y Fermín. Miss Barça pudo volver a lucirse con todas sus plumas ante un equipo muy menor, aunque últimamente se ha reivindicado por tener 'un proyecto nuevo' y estar 'en una fase distinta'. No sabemos en qué fase está pero sí que en Barcelona fue de una vulgaridad indigna de la Champions; y además con un entrenador que es un compulsivo destructor de destinos.