Ítaca nunca fue solamente una isla. Fue, sobre todo, la promesa de un horizonte al que dirigirse sin saber exactamente qué aguarda al final del camino. Así lo ha entendido el Real Betis Balompié, que lleva tiempo navegando por Europa con la ilusión de quien persigue un sueño todavía sin dimensiones conocidas, descubriendo en cada frontera superada que siempre hay un nuevo destino al que aspirar. La Ítaca de Cavafis no era tanto el lugar al que llegar como el largo y enriquecedor trayecto que conducía hasta ella, la oportunidad de saborear cada experiencia y de comprender que la felicidad no siempre aguarda en el puerto de destino. Dortmund representaba una nueva oportunidad para seguir avanzando, aunque también un desafío de enorme exigencia ante uno de los grandes equipos del continente.Seguir leyendo....