(ZENIT Noticias / Culiacán, 03.11.2026).- El regreso de un sacerdote católico a su parroquia tras tres días de cautiverio ha reavivado la atención sobre el clima de violencia en el estado mexicano de Sinaloa, donde las desapariciones, los asesinatos y otros delitos graves siguen generando inquietud en las comunidades. La Diócesis de Culiacán confirmó que el padre Clemente Morales Topete fue secuestrado, golpeado, quemado y amenazado de muerte en repetidas ocasiones antes de lograr regresar a casa.Morales, párroco de la parroquia Jesucristo Resucitado, fue secuestrado el 24 de octubre por un grupo de individuos no identificados y llevado a un lugar desconocido. Según una circular emitida el 1 de noviembre por el obispo Jesús José Herrera Quiñónez, sus captores exigieron información que el sacerdote no poseía. Incapaz de proporcionar lo que solicitaban, permaneció bajo custodia durante tres días, tiempo durante el cual sufrió agresiones físicas, quemaduras graves en diferentes partes del cuerpo y repetidas amenazas de muerte.El gobierno de Sinaloa emitió una orden de búsqueda tras su desaparición. El 27 de octubre, el sacerdote regresó inesperadamente a la residencia parroquial en su propio vehículo. Miembros de su comunidad, otros sacerdotes, personal médico y autoridades acudieron a ayudarlo. Posteriormente, fue trasladado a una clínica para recibir tratamiento especializado.Si bien sus heridas no representaban una amenaza inmediata para su vida, la diócesis describió las quemaduras como graves e indicó que también había sufrido múltiples golpes y traumas psicológicos y emocionales. Su estado está mejorando, pero su recuperación requerirá tiempo, atención médica y apoyo constante.El obispo Herrera Quiñónez condenó el ataque en términos inequívocos, rechazando no solo la violencia física infligida al sacerdote, sino también la tortura psicológica, la detención arbitraria y la desaparición forzada que siguen devastando a familias en toda la región. Insistió en que ninguna misión religiosa, circunstancia personal ni ninguna otra consideración puede justificar las amenazas o la violencia contra un ser humano.El obispo, sin embargo, evitó especular sobre los motivos del secuestro o identificar a los responsables. La investigación permanece abierta y la diócesis ha declarado que no divulgará información que pueda comprometer el trabajo de las autoridades. Su compromiso, enfatizó el obispo, es esclarecer la verdad en lugar de alimentar rumores o acusar a nadie sin pruebas.El hecho de que Morales haya regresado con vida no debe eclipsar la suerte de quienes siguen desaparecidos, advirtió Herrera Quiñónez, expresando su solidaridad con sus familias y con todas las víctimas de la violencia en Sinaloa. Tras más de dos años de inseguridad en el estado, señaló, las desapariciones, las detenciones ilegales, las muertes violentas y los feminicidios siguen afectando a la población. Las medidas adoptadas hasta el momento no han restablecido la paz que la población necesita.El obispo hizo un llamado a las autoridades municipales, estatales y federales para que mantengan esfuerzos coordinados, esclarezcan lo sucedido, identifiquen a los responsables y los lleven ante la justicia. Sostuvo que las declaraciones públicas y los informes estadísticos no pueden sustituir el progreso demostrable en la prevención de la violencia, la localización de personas desaparecidas, el enjuiciamiento de delitos y la asistencia a las víctimas. Lo que los ciudadanos necesitan no es simplemente tranquilidad, sino resultados tangibles y la recuperación de la confianza.También se dirigió directamente a los responsables de la violencia, instándolos a que dejen de infligir sufrimiento a personas inocentes y a que reconozcan el valor de toda vida humana. La diócesis afirmó que también orará por quienes cometen actos malvados, dejando claro que el perdón y la posibilidad de cambio no disminuyen la necesidad de justicia.El obispo hizo un llamado adicional a la comunidad en general. Instó a los residentes, las instituciones y los medios de comunicación a evitar juicios precipitados, burlas y comentarios en línea que puedan agravar el sufrimiento de las víctimas y sus familiares. Observó que las redes sociales pueden brindar solidaridad, pero también pueden difundir desinformación y convertir opiniones personales en supuestos hechos mediante la repetición.Herrera Quiñónez recalcó que nadie debe ser amenazado ni atacado por cumplir una misión religiosa, e hizo un llamado a la sociedad civil, las familias, las comunidades religiosas y las instituciones públicas a trabajar juntas por la paz, la justicia y el respeto a la vida.Recordando las palabras del nuncio apostólico en México, el arzobispo Joseph Spiteri, durante una visita pastoral a Culiacán, el obispo retomó una idea expresada por el papa Francisco: la paz social es una tarea artesanal. Requiere un trabajo paciente y colectivo, más que eslóganes.Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a través de este enlace.The post Torturan a sacerdote mexicano: estuvo secuestrado 3 días appeared first on ZENIT - Espanol.