Más allá de las fotos sin filtros: cómo Tuenti construyó la mayor cantera tecnológica de España

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A 20 años de su nacimiento y 10 de su cierre, el documental “Tuenti sin filtros” revive la nostalgia de una red social irrepetible y el legado de un equipo de ingeniería que cambió el ecosistema emprendedor del país.Ayer tuve la oportunidad de ver en primicia “Tuenti sin filtros”, el documental producido por Movistar Plus+ y RTVE con motivo del vigésimo aniversario de la red social que marcó a toda una generación en España.Para mí, la proyección fue un ejercicio de nostalgia por partida doble. Primero, como usuario: crecí con Tuenti, que nació justo cuando yo terminaba la secundaria. Segundo, como profesional: años más tarde tuve la gran oportunidad de trabajar allí dentro. Ayer, frente a la pantalla, me reencontré con ambas etapas de mi vida y con la gente que las hizo posibles.El ritual de los domingos y la autenticidad perdidaHace ya una década que Tuenti cerró sus puertas como red social, pero la visión de aquel equipo, liderado por el estadounidense Zaryn Dentzel, resulta hoy más necesaria que nunca. Es cierto que en aquella época ya existía el "postureo", pero estaba lleno de trazas de realidad.En la primera década de los 2000, Tuenti era sinónimo de llevar una cámara digital compacta de fiesta y cumplir con un ritual sagrado cada domingo por la tarde: conectarse para revisar qué había pasado la noche anterior y etiquetar a tus amigos en decenas de fotos espontáneas, sin filtros ni ensayos.Los más de 3.000 millones de fotografías que se borraron tras su cierre eran el testimonio de una forma de socializar muy lejana a la actual. Hoy, en la era de Instagram o TikTok, vemos a usuarios haciendo colas de horas para sacarse una foto de diez segundos en un rincón milimétricamente calculado. Un auténtico sinsentido frente a la naturalidad de entonces.El motor invisible: una cultura de ingeniería de éliteSin embargo, detrás de aquel fenómeno juvenil había algo menos conocido por el gran público: un equipo técnico de primerísimo nivel y una cultura de trabajo excepcional que muchos han intentado replicar después sin éxito. A día de hoy, tener a Tuenti en el currículum es un sello de calidad equiparable a haber pasado por Google o Meta, pero forjado en nuestro país.Entrar no era fácil. El proceso de selección comenzaba con la llamada de un recruiter (en mi caso fue Javier) para acordar una prueba de código de una hora. Si tus futuros compañeros aprobaban esa solución, se abría una exigente gincana de más de seis entrevistas técnicas y personales, tanto telefónicas como presenciales. Era un filtro diseñado para captar únicamente a los mejores, vinieran de donde vinieran.La multiculturalidad era una de nuestras grandes señas de identidad: llegamos a ser un equipo de unos 250 profesionales de decenas de nacionalidades diferentes.Vivir y programar en el Madrid de 2010Para entender cómo funcionábamos, hay que ponerlo en el contexto de 2010. No había llegado la pandemia y el teletrabajo era algo residual o inexistente. La dinámica era muy particular: tenías unos 25 años, te fichaba un headhunter y te mudabas a Madrid o Barcelona. Muchos compañeros ni siquiera hablaban español al llegar, por lo que la oficina se convertía en tu casa y tus compañeros en tu familia. Tuenti estaba diseñado, para bien o para mal, para que tu vida personal y profesional fueran prácticamente indistinguibles.Aquella intensidad presencial tenía un porqué. La velocidad de innovación y la resolución de problemas que logramos en esas oficinas no habrían sido posibles en remoto con las herramientas de entonces. De hecho, no he vuelto a sentir una vibración y una disrupción técnica similar hasta los últimos dos años, con la explosión de la inteligencia artificial generativa aplicada a la programación.El legado: la "Mafia de Tuenti"Al igual que ocurrió en Silicon Valley con antiguos empleados de PayPal, aquel talento concentrado no se disolvió cuando la empresa cambió de rumbo, sino que se multiplicó. Aquel equipo de ingeniería tenía demasiado potencial como para dejar de aportar al mundo, y de sus filas han salido los fundadores y líderes técnicos de muchas de las empresas más punteras del ecosistema español actual.Éxitos como Job&Talent, Playtomic, Seedtag, Grupo Auro, Karumi (adquirida por Sngular) o Identified (adquirida por Workday), entre muchas otras iniciativas más silenciosas, llevan en su ADN la forma de trabajar que aprendimos allí. Tuenti cerró, pero su código sigue muy vivo en la tecnología que usamos hoy.