Crítica de 'Los Miserables' (***): Un paseo de altos vuelos por las almas torturadas de Victor Hugo

Wait 5 sec.

Una gran producción que se acerca con enorme solidez narrativa y fidelidad a la obra de Victor Hugo, y su director, Fred Cavayé, ofrece una versión sin, digamos, muchas ínfulas de autoría sino más bien poniendo su trabajo al servicio de una historia que, quien más, quien menos, ya se sabe. El cine ha ilustrado 'Los Miserables' en numerosas ocasiones y de mil maneras, desde la televisiva (series, teatro) hasta el musical o la animación, por lo que hay que suponer que cualquier espectador ya conoce los nombres de Jean Valjean, Javert, Thénardier, Fantine, Cosette…, todos esos personajes que viven los dramas, tragedias y melodramas que escribió Victor Hugo a mediados del siglo XIX. El actor Vincent Lindon carga con la mayor parte del peso de la película y su interpretación de Jean Valjean es muy potente y ronca, como su propia voz, y aunque se resuelva de un modo algo chato, sin auténtico abismo, su duelo constante con el personaje de Javert, el policía y mosca irritante de la historia, entre ambos actores (a Javert lo interpreta Tahar Rahim) le dan la fuerza necesaria para que no decaiga el serial, que es largo, casi tres horas, y sin grandes sorpresas ni imprevistos. Hace tan solo un año se estrenó 'Los miserables. El origen', de Éric Bernard, mucho más sencilla de pretensiones y producción, pero muy certera en su mirada y con un actor, Grégory Gadebois, que ofrecía un Jean Valjean mucho más erizado y feote, pero fantástico. Está filmada con mucho aparato, con mucho vuelo y a toda pantalla y con mucho subrayado de la dignidad que persigue y alcanza el personaje principal, Valjean, como la progresiva caída en la villanía de Javert a causa de su traumatizada infancia y una madre terrorífica. Están tan perfectamente delineados los caminos del bien y los caminos del mal que, para nuestra época de elasticidad moral y de pragmatismo ideológico, el hoy sí y mañana ya veremos, puede resultar chocante esa exactitud de 'lo negro' y 'lo blanco', y personajes como el matrimonio Thénardier, con una villanía extrema y fuera de época (ahora, esa sinvergonzonería se disimula con conceptos como 'empatía' y 'sororidad') se ven aquí como exagerados, caricaturescos, aunque puede encontrárseles la gracia precisamente por la gracia de sus actores, Benjamin Lavernhe y Camille Cottin, que le ponen uña negra a las partes blancas y blandas de la historia, como las de la trágica Fantine y la prometedora Cossette, imágenes del sufrimiento, la injusticia social y la llegada de 'los nuevos tiempos'. 'Los Miserables' de Cavayé se amolda y hace vistoso el texto original y ofrece un producto cómodo y 'bonito', con lo que se arriesga a que se le reproche justo lo contrario que se le reprochó hace poco a Christopher Nolan en su 'Odisea', personalidad, petulancia, egolatría y distorsión. Y ese hoy negro y ayer blanco, tan habitual y de moda, es la rúbrica de que lo mismo somos Valjean que Javert. Va en días.