El Papa León XIV continuó en la Audiencia General de este miércoles con sus reflexiones sobre la Constitución Gaudium et spes. En concreto, se centró en los capítulos III y IV de su segunda parte, dedicados respectivamente a la vida económico-social y a la comunidad política. Lea aquí la catequesis completa que pronunció el Santo Padre.Queridos hermanos y hermanas, buenos días y bienvenidos:La dimensión social forma parte integrante, además de la naturaleza humana, también de nuestra fe en Cristo Jesús, como una valiosa herencia que recibimos de la encarnación del Hijo de Dios. La Constitución Gaudium et spes lo recuerda en los capítulos III y IV de su segunda parte, dedicados respectivamente a la vida económico-social y a la comunidad política. También en estos ámbitos la fe cristiana ofrece criterios de discernimiento.Los Padres conciliares señalan, ante todo, el peligro para la paz mundial que representan los desequilibrios derivados de un desarrollo económico que no es equitativo ni respeta la creación. Se trata de una visión profética que, lamentablemente, se confirmó en las últimas décadas del siglo pasado y que sigue siendo evidente hoy. Para corregir el rumbo, advierte el documento, no bastan los avances técnicos: «se requieren numerosas reformas en las estructuras de la vida económico-social; es necesario también un cambio de mentalidad y de estilo de vida por parte de todos».Por ello, Gaudium et spes presenta de manera sintética la visión cristiana del desarrollo económico, que debe estar siempre al servicio del ser humano y bajo su control. Aparece ya aquí con claridad el concepto de desarrollo integral, que san Pablo VI colocaría posteriormente en el centro de su encíclica Populorum progressio (1967). Siguen siendo plenamente actuales las llamadas a comprometerse en la eliminación de las discriminaciones que perjudican a los grupos sociales más débiles y a los migrantes.El corazón de la economía es el trabajo. A través de él, la persona se desarrolla, atiende las necesidades de su familia, expresa sus talentos, participa en la vida social y contribuye a construir un mundo mejor colaborando con la obra creadora de Dios. El trabajo nunca puede ser deformado en perjuicio de las personas, del bien común o de la creación. El verdadero desafío consiste en ofrecer a todos la oportunidad de desarrollar sus capacidades. No son aceptables el desempleo, la explotación ni las condiciones laborales que ponen en peligro la salud o incluso la vida de los trabajadores.Los trabajadores tienen el derecho y el deber de participar en las decisiones que afectan a su actividad, también de forma asociada, afrontando los conflictos mediante el diálogo y acciones no violentas.En este contexto, el Concilio recuerda uno de los principios fundamentales de la doctrina social de la Iglesia: el destino universal de los bienes de la tierra, y lo aplica también al ámbito financiero, afirmando que todos los responsables de las inversiones y de la organización de la vida económica global, ya sean personas, grupos o autoridades públicas, deben velar para que se garanticen los bienes necesarios para una vida digna de cada persona y de toda la comunidad. Asimismo, deben prever las necesidades futuras y asegurar un justo equilibrio entre las necesidades actuales de consumo y las exigencias de inversión para las generaciones venideras.Gaudium et spes pasa luego a tratar de la comunidad política, valorando diversos signos positivos del mundo contemporáneo, especialmente el hecho de que una conciencia más viva de la dignidad humana ha dado origen, en distintas regiones del mundo, al esfuerzo por establecer un orden político y jurídico en el que los derechos de la persona estén mejor protegidos en la vida pública.La comunidad política existe en función del bien común, entendido como «el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten y favorecen a las personas, las familias y las asociaciones alcanzar más plenamente su propia perfección». También el ejercicio de la autoridad política debe orientarse siempre al bien común, teniendo en cuenta no solo la realidad local e histórica, sino también el bien de toda la familia humana.Gaudium et spes reafirma además que «la comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas cada una en su propio ámbito. Sin embargo, ambas, aunque por títulos distintos, están al servicio de la vocación personal y social de las mismas personas. Y desempeñarán tanto mejor este servicio en beneficio de todos cuanto más desarrollen una sana colaboración entre ellas».Queridos hermanos y hermanas, comprometerse en la economía y en la política siguiendo estos criterios es una manera concreta de construir la paz. Como recordaba el Papa Francisco, «la guerra es un fracaso de la política y de la humanidad, una rendición vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal». Por el contrario, una política que cura las heridas de los pueblos y de quienes sufren injusticias ofrece motivos de esperanza para el futuro de la humanidad.Por eso, animo a los jóvenes a seguir el ejemplo de aquellos hombres y mujeres que han dado un buen testimonio en estos ámbitos. Y renuevo mi exhortación a las comunidades cristianas para que se impulse de nuevo la formación en la doctrina social de la Iglesia.