Europa ha entrado en una etapa marcada por la incertidumbre geopolítica, las tensiones comerciales y la fragilidad de las cadenas de suministro. La dependencia exterior para cubrir buena parte de sus necesidades energéticas ha devuelto al primer plano un concepto que parecía relegado: la autonomía estratégica. En ese debate, las infraestructuras eléctricas y de telecomunicaciones se han convertido en una pieza decisiva para sostener la economía, los servicios esenciales y la capacidad de respuesta ante futuras crisis.Seguir leyendo....