“No es cierto que todos los políticos seamos iguales”. Es una de las frases del discurso que pronunció Óscar Puente en el momento de su dimisión. Una afirmación que no tardó en convertirse en una reivindicación política compartida por todo el PSOE. Fue uno de los principales argumentos del presidente del Gobierno en su agradecimiento a la labor de Puente y la repitieron fuentes del Ejecutivo y Ferraz, que ven en la renuncia del ya exministro de Transportes mucho más que un ejercicio de responsabilidad política. “Hizo el recorrido conveniente: transparencia, rigor, soluciones adicionales, comparecencias sin límite de tiempo y, finalmente, renuncia. Es un ejemplo”, señalan desde el cuarto de máquinas socialista.El PSOE quiere marcar distancias con los de Feijóo y contraponer la decisión de Puente a la respuesta de los populares ante otras tragedias como la de la dana de Valencia o las muertes en las residencias madrileñas durante la pandemia, en las que ni hubo dimisiones ni los dirigentes dieron explicaciones sobre su gestión, o al menos no de forma tan rápida y exhaustiva como Puente. La diferencia, sostienen, está en asumir la responsabilidad de cara a la ciudadanía incluso cuando la culpabilidad no está acreditada. "Pedir su dimisión ya no abrirá los mítines de la derecha y ahora se puede instalar que Puente se va y otros líderes del PP no lo hicieron", señalan voces dentro del Gobierno. La dimisión de Puente, que tampoco concurrirá como candidato por Valladolid a las elecciones del 29N, puede convertirse en un punto de inflexión para un PSOE que, tras la tragedia ferroviaria de Urda, había visto cómo se le complicaba una campaña que los socialistas ya habían empezado a cimentar sobre el amor, la ilusión, las políticas sociales y la movilización progresista. A esto se suma, además, la aplastante victoria de los demócratas en Estados Unidos en las legislativas, que han arrebatado a los republicanos el control de las dos cámaras del Congreso. Pero su despedida, más allá de ser una dimisión, tiene otra lectura política. En su intervención, el exministro dejó buena parte de los mensajes que podrán servir de hoja de ruta a los socialistas para afrontar las próximas semanas. Un discurso que conecta con la estrategia que Sánchez desplegó en 2023 y con el que los socialistas pueden intentar darle la vuelta a una campaña que se había puesto cuesta arriba. “Las campañas están "vivas" y se van adecuando al pulso de la calle día a día. Retomamos en Valencia, seguimos en Tarragona y recalamos en Bilbao. Suena a reenganche con fuerza, ¿no?”, apuntan esas mismas fuentes socialistas. Puente aseguró que tomó la decisión en los primeros momentos tras el accidente. Fue una elección personal, sin que el presidente del Gobierno —quien, como señalaron fuentes de su entorno, consideraba injusto que tuviera que dimitir— interfiriera en ella; de hecho, Puente se la comunicó minutos antes de hacerlo público. “Un ministro de transportes de un país como España no puede continuar en su cargo con dos accidentes de esta gravedad en menos de un año, por muy distintos que sean y tenga o no responsabilidad directa en ellos”, aseguró en su intervención.Ese es precisamente uno de los argumentos que los socialistas quieren reivindicar tras su dimisión. El PSOE busca convertir la decisión de Puente en un ejemplo de rendición de cuentas y contraponerla a la respuesta del PP ante otras tragedias. Como ejemplo, el de Carlos Mazón que tardó más de un año en dimitir como president de la Generalitat valenciana tras la dana del 29 de octubre de 2024, que dejó más de 230 víctimas mortales. Mazón se aferró al poder durante meses ignorando las manifestaciones multitudinarias y las críticas por su ausencia del CECOPI durante las horas más críticas de la tragedia. Cuando finalmente anunció su renuncia, también anunció que conservaba su escaño en Les Corts, lo que le asegura seguir siendo aforado y mantener su sueldo público. O la gestión de Isabel Díaz Ayuso durante la pandemia, cuando 7.291 personas mayores fallecieron en las residencias madrileñas sin recibir atención hospitalaria. Los llamados protocolos de la vergüenza, desvelados por infoLibre, restringieron las derivaciones a hospitales públicos en función del grado de dependencia o deterioro cognitivo. La presidenta, que se ha burlado de las víctimas en numerosas ocasiones, nunca ha reconocido su mala gestión y, por supuesto, sigue en el cargo. “Es una cuestión de dignidad política, de coherencia y de empatía con las víctimas”, señaló el ya exministro.“Su renuncia permite cambiar el marco político: ya no se trata de exigir responsabilidades, sino de reivindicar que estas ya se han asumido. Es como un torniquete para contener el desgaste del Gobierno, especialmente después de que el accidente de Urda provocara un giro radical en la precampaña”, señala la politóloga Ana Salazar. “No es cierto que todos seamos iguales”, proclamó antes de señalar que esa advertencia es una falacia alimentada por quienes pretenden sembrar la desconfianza ciudadana en la democracia. Es un mensaje que conecta con uno de los retos del PSOE y de los partidos progresistas: combatir la desafección en un momento en el que el avance de la ola reaccionaria es una realidad en la mayor parte del mundo. Y ese es uno de los objetivos de los socialistas. Convencer e ilusionar a sus votantes de que la política sigue siendo una herramienta útil para transformar la sociedad y que no todos las formaciones son iguales, mucho menos las que ofrecen soluciones sencillas a problemas muy complejos para convencer al electorado. “Busca señalar lo que diferencia a determinados dirigentes de otros. A mi juicio, esta es la operación política más importante de su discurso, dirigida fundamentalmente contra la extrema derecha, pero también contra la tentación del PP de sumarse, en ocasiones, a los discursos antipolíticos”, señala Ernesto Pascual, politólogo de la Universitat Oberta de Catalunya. Es otro de los grandes ejes ideológicos que ya han marcado la campaña socialista: la defensa del Estado del bienestar frente a las políticas de recortes y privatizaciones de PP y Vox. “Al pueblo le salva un Estado fuerte, justo, con unos buenos servicios públicos”, señaló Puente. O lo que es lo mismo, la confrontación de dos modelos de país: uno basado en la intervención del Estado para garantizar derechos y proteger a la mayoría social y otro que deja cada vez más ámbitos de la vida en manos del mercado. “El PP tenía la oportunidad de mantenerse como un partido moderado y acaparar a toda esa gente de centro, pero ha ido compitiendo con las políticas de la extrema derecha. ¿Es una herramienta para llegar al poder? Puede serlo, pero ¿será cómodo para Feijóo gobernar con Abascal? Pregúntaselo al gobierno regional de Aragón o de Extremadura”, concluye Pascual. Salazar, matiza: “Está haciendo, sobre todo, un llamamiento a la democracia, apelando a valores que conectan directamente con el corazón del electorado socialista: la defensa de la democracia, la responsabilidad política, la dignidad, el Estado y los servicios públicos”.De hecho, es una de las banderas que ha enarbolado Sánchez desde que convocó las elecciones. Tanto él como otros dirigentes socialistas lo han repetido en los mítines. Tras el comité federal celebrado a principios de octubre, en el que fue ratificado como secretario general, el presidente del Ejecutivo hizo un alegato de los servicios públicos, lanzando un mensaje claro a Feijóo y la ultraderecha: “Si les gustan las motosierras, al aserradero, pero las pensiones no se tocan”. La intervención de Puente también dejó un llamamiento que puede interpretarse en clave de movilización electoral. “El pueblo sólo salva al pueblo en las urnas, votando a los que le apoyan, no a los que sólo quieren utilizarlo para perpetuar los privilegios de una minoría”, afirmó.El exministro reivindicó así las urnas como el principal instrumento de transformación política y contrapuso los intereses de la mayoría social a los de unos pocos privilegiados. Un mensaje que encaja con la estrategia del PSOE de volver a movilizar al electorado progresista y recuperar la apelación al voto útil que contribuyó a la remontada socialista en las elecciones pasadas. Entonces, fue el miedo a un Gobierno de PP y Vox lo que hizo clic en buena parte de su electorado. Más de tres años después, los socialistas se enfrentan al desafío de convencer a sus votantes de que su papeleta puede ser el mayor freno a una mayoría de derechas. La despedida de Puente también tiró de lo emocional y apeló a la identidad socialista. El exministro recordó la militancia de su abuelo y de su madre, apeló a los valores históricos del partido y defendió que “nadie es más grande que la organización a la que pertenece, sea ministro o afiliado de base”. “Mi ego nunca ha sido mayor que mi partido ni, desde luego, que mi país”, añadió.Un proyecto común por encima de los personalismos y el reparto de sillones. En una campaña cada vez más centrada en la figura de Pedro Sánchez, Puente reivindicó unas siglas, una historia y una identidad política que trascienden a quienes ocupan los puestos de poder.“Lo que ha intentado Puente es convertir su retirada personal en un argumento colectivo con tres puntos claves: que la política puede responder, que el Estado debe proteger y que el desencanto no debería terminar en abstención, que es la llamada más importante”, concluye Pascual.