Edición original: Regreso a un mundo en llamas (Desfiladero, 2026)Guion: Fidel MartínezDibujo: Fidel MartínezEditor: Pablo HerranzDirección editorial: Quique Olmos y Paz NavarroFormato: Rústica · 128 páginas · 19,90 €Aunque sus dos últimos obras Arconte (Norma) e Hijos del fuego (Norma) se pueden englobar en género como la ciencia-ficción o el terror en la carrera de Fidel Martínez (Sevilla, 1979) siempre ha estado marcada por un compromiso con la denuncia de las injusticias y la barbarie. Algo que también encontramos en esas dos obras citadas pese que no están ancladas en la realidad, al igual que sucede en sus trabajos previos que abordan esas temática desde diferentes periodos históricos, ya sea en sus colaboraciones con el excelente guionistas Jorge García, Cuerda de presas (Astiberri) o Hacerse nadie (Ariadna), o sus dos primera obras largas como autor completo: Fuga de la muerte (Edicions de Ponent), Sarajevo Pain (Norma). En esos cómics vemos como un conflicto bélico, la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Yugoslavia, son el escenario perfecto en el que los hombres ejercen una violencia y una crueldad desmedida con sus semejantes con la excusa de pertenecer a una ideología, etnia o religión diferentes a la suya. Un retrato de la miseria y crueldad humana que también está presente en Regreso a un mundo en llamas, el cómic sobre vencedores y vencidos de postguerra española que acaba de editar con primor Desfiladero dentro de su imprescindible colección Memoria Gráfica. En Regreso a un mundo en llamas está protagonizada por Paco quien, tras pasar varios años en la cárcel tras el final de Guerra Civil Española acusada de quemar la iglesia de su pueblo, vuelve a su casa para tratar de rehacer su vida junto a su familia. Sin embargo, allí se encuentra con que el rencor y las ganas de revancha de los afines a la dictadura y el miedo del resto le cierra cualquier puerta a encontrar una forma de ganarse la vida de forma honrada. Un rechazo social que le lleva a buscar otros medios, donde descubrirá que los poderosos siempre obtienen la forma de conseguir beneficio y como la corrupción estaba presente en todos los estamentos de las hipócritas autoridades de la dictadura. Un retrato crudo y veraz de la postguerra en un pueblo del sur sin nombre, pero que puede ser perfectamente cualquiera, ya que en todos se respiraba el mismo ambiente de miedo y represión que tan bien vemos reflejado en el guion y dibujo de Fidel Martínez. Unas sensaciones que se consiguen gracias a los diálogos, pero, sobre todo, a los silencios y a las miradas que acaban por impregnar al cómic de la misma atmósfera de asilamiento, miedo, represión y desesperación que se vivía en cada pueblo. Una expresividad que el autor consigue con estilo sintético y con un entintado rotundo heredero del Breccia más experimental, donde cada línea cuenta mucho, apoyadas en un uso del color esplendido con una paleta limitada a colores sobre todo ocres que nos remiten a la tierra y ladrillos del pueblo, pero también a los colores ligados tradicionalmente al infierno. Un infierno del que Paco no consigue escapar en ningún momento, ya que el sistema creado lo devora haciendo que se sumerja cada vez más en él, además también debe lidiar con sus recuerdos y una culpa por las consecuencias de sus actos que hacen que su suplicio y su prisión sea doble, exterior e interior. Un retrato psicológico muy bien construido que nos permite meternos en su cabeza y en la de otros protagonistas. Aunque el protagonista del cómic es Paco, el resto de los personajes están extraordinariamente construidos son los que nos permiten ver la foto completa de cómo era la sociedad de la época con los familiares de Paco, el resto de las gentes del pueblo o la guardia civil abusando de su poder con los más débiles, pero arrodillada ante los poderosos y mirando para otro lado cuando delinquen. Unas “fuerzas vivas” maneja con mano de hierro el pueblo dejando claro que había dos normas a cumplir, una para los vencidos y otras para los vencedores. Pero no estamos ante una obra maniquea, que solo retrata las miserias de unos, ya que también vemos como Paco tiene varios esqueletos en el armario, que le pesan como una losa. No vemos heridas físicas ni lugares yermos y destruidos, pero si una sociedad fracturada donde para algunos todas las decisiones son erróneas, mientras otros juegan con las cartas marcadas. Una completa radiografía de una época terrible que desde hace demasiado tiempo hay quien se emplea en blanquear. Fidel Martínez firma con Regreso un mundo en llamas el que posiblemente sea su mejor cómic como autor completo con una historia áspera llena de intensidad, pero donde todo está contenido, desde las emociones de los personajes hasta la narrativa. Una narrativa donde priman los primeros planos que nos permiten ver esas emociones a las que hacíamos referencia con unas composiciones de página en la que priman las tres tiras de viñetas que sirve para reflejar lo opresivo del momento y el férreo control en el que se vivía. Un cómic de una enorme complejidad que huye de cualquier discurso sesgado para ofrecernos un retrato veraz de una época en la que solo vivían mejor unos pocos. Un mundo en llamas al que no debemos regresar nunca porque supondría el mismo retraso a todos los niveles que fueron los cuarenta años de dictadura fascista. Uno de los mejores cómics de año. ↑Lo mejorLa crudeza de un relato que es el mejor guion que Fidel Martínez ha escrito hasta ahora.Un dibujo que es capaz de transmitir todo lo que va pasando por la mente de Paco.Aunque adoramos el blanco y negro de los anteriores trabajos de Fidel Martínez el uso del color que hace en esta obra es estupendo.↓Lo peorQue hoy en día todavía tengamos que oír decir que bajo la dictadura se vivía mejor.