Séneca, filósofo romano: «No es que tengamos poco tiempo para vivir, sino que lo desperdiciamos mucho»

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No tenemos suficiente tiempo para hacer todas las cosas que deseamos, ni en un solo día ni a lo largo de nuestra vida. No somos los primeros en darnos cuenta de que las horas del reloj son insuficientes para viajar, cuidar a nuestra familia, aprender idiomas, encontrar el amor y demás ilusiones que llenan nuetra lista de deseos. Otros hombres de sociedades y épocas muy lejanas también vivieron la misma frustración. El refranero español nos enseña que nuestros antepasados también sintieron esta falta de tiempo: 'El tiempo es oro', 'Aprovecha el tiempo que vale el cielo', 'No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy'. Hoy enseñamos qué es lo que pensbaa al respecto otro de nuestros ancentros, el filósofo Séneca . El pensador nació en Córdoba y vivió entre 4 a. C. y 65 d. C. A lo largo de su vida desarrolló varias disciplinias, como la filosofía, poesía, abogado, teatro y oratoria. Uno de los temas que más trabajó en estas tareas fue la brevedad de la vida. Así lo dejó escrito en 'De Brevitate Vitae': «Non exiguum temporis habemus, sed multum perdimus», es decir, «No tenemos poco tiempo, sino que perdemos mucho». El filósofo romano compartió esta máxima con su suegro, Paulino, a quien fue dirigido el escrito, alrededor del año 49 a. C. Esta afirmación nos invita a reflexionar, 2000 años después, sobre un problema que es inherente a la condición humana. Da a enteder que el ser humano no cuenta con un tiempo escaso para vivir, sino que malgasta una gran parte en vanidades, distracciones y preocupaciones inútiles. La vida no es corta por naturaleza, sino que nosotros la acortamos al no disfrutar en cada momento de lo que toca. Tenemos, según el filósofo, la mala costumbre de quejarnos de la brevedad del tiempo. «La mayoría de los mortales, Paulino, se quejan de la crueldad de la naturaleza porque nacemos para una existencia tan breve y porque el tiempo que se nos ha asignado transcurre con tanta rapidez », escribe. Esta verdad es motivo de enfado, cuando otras similares, como la de andar con dos patas o la necesidad de agua y alimento, no sugieren tanta oposición. El filósofo insiste: «No disponemos de poco tiempo, sino que desperdiciamos gran parte de él». Los años que dura una vida no son pocos porque entran dentro de lo esperado en un hombre, son los normales. Hacemos que parezcan insuficientes cuando alargamos de más la lista de deseos buenos y distracciones innecesarias en las que agotamos ese recurso. «La vida es suficientemente larga y se nos ha dado en cantidad generosa para llevar a cabo las mayores obras, siempre que se emplee bien en su totalidad». La vida es suficiente para cumplir todo propósito bueno que se quiera llevar a cabo, lo que Séneca llama el « propósito noble ». No es suficiente, en cambio, para realizar esas obras y también malgastar el tiempo en otras menos valiosas. «Pero cuando se malgasta en el lujo y la negligencia , cuando no se dedica a ningún propósito noble, nos vemos obligados a reconocer que ha pasado antes incluso de que nos diéramos cuenta de que se iba». Así es: « No se nos da una vida breve, sino que nosotros la hacemos breve ; no carecemos de ella, sino que la despilfarramos». Del mismo modo que una riqueza se pierde en un instante cuando cae en manos de un mal administrador o que unos recursos modestos aumentan si se confían a un buen dueño, «así también nuestra vida resulta amplia para quien sabe administrarla bien». El tiempo es limitado pero suficiente para administrarlo «bien». Así, Séneca nos invita a reflexionar sobre nuestra gestión del tiempo y las actividades en las que verdaderamente estamos invirtiendo nuestra humanidad. Una vida más larga no es necesariamente una mejor si no se sabe utilizar correctamente.