Falucho, el héroe de la Independencia que prefirió el fusilamiento a la traición e inspiró un monumento histórico

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Su nombre era Antonio Ruiz, aunque pasó a la historia con su sobrenombre de Falucho, o mejor, Negro Falucho, ya que este soldado de la independencia sudamericana era de origen africano. Fue valiente en los campos de batalla de la Argentina, Chile y Perú... y mucho más valiente cuando quisieron obligarlo a traicionar a su patria. Prefirió morir antes que honrar la enseña del enemigo español. Posiblemente por ese enorme acto de valor, el cabo segundo Falucho fue el personaje que inspiró la primera estatua de la ciudad de Buenos Aires realizada por un escultor argentino. Fue el artista Lucio Correa Morales el que colocó al héroe moreno en una merecida eternidad de bronce. No hay una estimación concreta del día de nacimiento de Antonio Ruiz. Se sabe que fue hacia finales del siglo XVIII. Tampoco hay acuerdo sobre el lugar donde nació: algunos historiadores sostienen que su origen era africano mientras que otros aseguran que era porteñísimo, hijo de Buenos Aires.Su paso por el ejército emancipador quedó documentado en una foja de servicio impecable. Allí destaca que estuvo en los combates más trascendentes en la gesta de liberadora americana. Las batallas de FaluchoPrimero combatió bajo las órdenes de Manuel Belgrano en el Batallón de Pardos y Morenos en el Ejército del Norte. Luchó contra los realistas en Tucumán (1812), Salta, Vilcapugio y Ayohuma (1813). Más tarde, Falucho formó parte de las huestes sanmartinianas. Con el Batallón 8 de Los Andes participó en los combates de Chacabuco (1817) y Maipú (1818) en territorio chileno. Luego acompañó al ejército Libertador hasta Perú, donde encontraría su épico final. “Él era uno de los llamados ‘negro bozal’ (llegado recientemente de África), poseía talla exigua, temperamento tierno y afable y espíritu magnánimo, de genio alegre, gustaba jugar con los niños de igual a igual. Estas cualidades exteriores encubrían su recóndita energía y extraordinario valor”, lo describe Marcos de Estrada en su libro Argentinos de origen africano. A propósito de los guerreros africanos en el ejército de San Martín, cuenta Bartolomé Mitre que el general tenía predilección por los negros libertos a quienes “proclamaba poniéndose al nivel de ellos”. También cuenta el historiador, periodista y expresidente de la Argentina que el llamado Santo de la Espada había dicho a los pardos y morenos bajo su mando que “si los españoles los llegaban a derrotar, ellos volverían nuevamente a ser esclavos y los venderían por azúcar”. Entonces, en el fragor del combate de Chacabuco, cuenta Mitre: “a cada balazo, a cada bayonetazo o golpe que dirigían a sus adversarios, con el encarnizamiento de la lucha,(los negros) repetían, ebrios de cólera y venganza: ‘tomá pachuca’ (que debería traducirse como ”tomá azúcar”, expresión que los libertos utilizaban en combate con los realistas para ofrecerles, en tono burlón, el “dulce” del combate). Levantamiento en el CallaoEl episodio que fue determinante para el final del cabo segundo Falucho ocurrió a comienzos de febrero de 1824 en el Callao, la ciudad portuaria del Perú, que se encontraba bajo el control de los patriotas desde 1821. Aunque San Martín ya no estaba en tierras incaicas, había dejado allí una guarnición formada por buena parte de miembros del Ejército de los Andes, que ahora llevaba el nombre de Regimiento del Río de la Plata. Estos hombres se encontraban en un bastión militar fundamental de la ciudad, que era la Fortaleza de Real Felipe. Pero había en el Callao un clima inestable. Por un lado, el enemigo español pugnaba por recuperar la ciudad. Por el otro, buena parte de la tropa gestora de la independencia que estaba afincada allí vivía una situación acuciante. A los soldados y suboficiales del Regimiento del Río de la Plata se les adeudaban cinco meses de sueldo y muchos de ellos ansiaban regresar a sus hogares, en la Argentina o en Chile, hartos de los años de lucha. Para colmo, creían que lo más probable era que luego de Callao fuesen enviados al norte para luchar junto a las tropas de Simón Bolívar. Mitre describe a los soldados criollos como “desnutridos, impagos y sufriendo hasta hambre” y señala que la antigua división de los Andes “era un cuerpo sin alma”. Acicateados por este descontento, dos sargentos del Regimiento del Río de la Plata, Dámaso Moyano y Francisco Oliva, encabezaron un motín. Junto a un grupo de soldados rebeldes, tomaron la en la Fortaleza y encarcelaron a los oficiales criollos.El levantamiento, que se produjo en la noche del 4 al 5 de febrero, tenía por intención mejorar las condiciones de los soldados. Pero, con el correr de las horas, la situación se volvió más compleja. Los oficiales criollos, aún encarcelados, tenían injerencia sobre su tropa. Muchos de los que se plegaron al reclamo encabezado por Moyano y Oliva comenzaban a dudar. Además, pronto permeó la idea de que la insurrección podría costarles la vida en un futuro juicio marcial. La “ayuda” de los españolesSobrepasados por la situación, los líderes del motín recurrieron a los españoles. Consultaron al coronel español José María Casariego, que estaba prisionero en las mazmorras de la Fortaleza, y éste aprovechó la situación: pidió su libertad y la de sus compatriotas y convenció a los amotinados de que lo mejor sería dejar el fuerte en manos de los realistas.Moyano y Oliva liberaron a los oficiales realistas y, en el mismo acto, cambiaron de bando. Pasaron al ejército español. Moyano fue recompensado con un ascenso inmediato al grado de coronel. Oliva también recibió su gratificación: fue nombrado teniente coronel. La tropa que los acompañó en un principio, que apoyó el reclamo reivindicatorio, de pronto quedó huérfana.La revuelta con fines reivindicatorios de suboficiales y soldados del Regimiento del Río de la Plata derivó en la recuperación del fuerte por parte de las tropas del rey Fernando VII. Una de las primeras medidas que decidió el coronel Casariego al hacerse cargo de la fuerte izar la bandera española. “Peor es ser traidor”Era la noche del 6 de febrero de 1824. En el torreón de Real Felipe donde flameaba la bandera argentina, estaba como centinela el cabo segundo Falucho. Cuando los realistas se acercaron a su posición para enarbolar la enseña de España, Falucho se sintió humillado. Y, de acuerdo al relato de Mitre, “se arrojó al suelo y se puso a llorar amargamente”.Cuando sus antiguos camaradas le exigieron que presentara el arma al pabellón que estaban a punto de enarbolar, el liberto se negó rotundamente. Dijo: “Yo no puedo hacer honores a la bandera contra la que he peleado siempre”. Entonces, los sediciosos comenzaron a tratarlo de “revolucionario”. La respuesta del moreno fue: “Malo es ser revolucionario, pero peor es ser traidor”. A continuación, Falucho tomó el fusil que había dejado a un lado cuando rompió en llanto y, aferrándolo por el cañón, lo estrelló con furia contra el asta de la bandera, hasta hacerlo pedazos. El acto que colmó la escasa paciencia de los traidores, quienes hicieron arrodillar al cabo segundo en la muralla del fuerte para que cuatro tiradores lo ejecutaran a quemarropa. “En aquel momento brilló el fuego de cuatro fusiles, se oyó una detonación. Resonó un grito de ‘¡Viva Buenos Aires!’ y luego, entre una nube de humo, se oyó el ruido sordo de un cuerpo que caía al suelo", describe Mitre, cuyo relato de esta historia publicó por primera vez en el periódico Los Debates, en mayo de 1857. Y fue en esa Buenos Aires que estuvo en boca del héroe en el momento postrero de su vida donde se inauguró una estatua que lo recuerda. Fue en noviembre de 1897, en donde se encuentran las calles Florida con Marcelo T. de Alvear, frente a la plaza San Martín. La estatua de FaluchoEl monumento fue realizado completamente en bronce. Se ve allí al Negro Falucho de pie, aferrando a su lado la bandera patria que no quiso arriar de su mástil en la Fortaleza del Callao. La obra fue diseñada por el maestro Francisco Cafferata pero, tras la muerte de este, fue ejecutada por Lucio Correa Morales, escultor pionero de este arte en nuestras tierras. De hecho, esta es la primera escultura emplazada en Buenos Aires que fue realizada por un argentino. Un bonito detalle que relata el periodista especializado en historia porteña Diego Zigiotto es el que dice que Correa Morales se inspiró en sus propias manos para cincelar las de su legendario modelo. Así como Falucho tuvo, por causa de la gesta de la independencia, un devenir andariego, su estatua también deambuló por distintos lugares de la ciudad hasta recalar, en 1923, donde se encuentra ahora: en una plazoleta de forma triangular que lleva su nombre, sobre la avenida Santa Fe, frente al Regimiento de Patricios. La Fortaleza del Callao fue recuperada por los patriotas recién en enero de 1826. La suerte de los criollos sublevados fue disímil: Moyano y Oliva continuaron sus carreras en el ejército español, donde llegaron a alcanzar altas jerarquías. Otros cabecillas de la sedición, en tanto, recibieron su castigo como traidores a la patria. Dos de ellos, Francisco Molina y Matías Muñoz, fueron traídos a Buenos Aires como prisioneros por el coronel José Félix Bogado. El 25 de noviembre de 1826, a las 10 de la mañana, ambos fueron ahorcados donde hoy se encuentra la Plaza San Martín. Según anota el historiador y militar Juan M. Espora, Molina había sido uno de los ejecutores de Falucho en el Callao. “La justicia ha castigado al traidor -escribió Espora- y la historia ha legado a la posteridad el nombre del granadero adicto”. Objeciones a la historia de faluchoA través de los años, hubo historiadores como Florencio Mantilla que pusieron en duda el episodio de la muerte de Falucho. La objeción mayor al relato de Mitre y también de Espora fue el hecho de que hubo un negro de nombre Antonio Ruiz, cuyo apodo era Falucho, que prestó servicio en el Ejército de los Andes pero que, en 1830, aún estaba vivo y radicado en Lima, Perú. Es decir, seis años después del alzamiento en la Fortaleza, el presunto fusilado estaba vivo. Sin embargo, otros análisis posteriores clarificaron el tema. Es el caso del artículo “Mitre tenía razón: la verdad sobre Falucho”, publicado por Ernesto Quiroga Micheo en la revista Todo es Historia, en 1997, donde, en base a registros históricos, se asevera que existió efectivamente la ejecución de un soldado negro en el Callao por negarse a homenajear la bandera española en medio de una sedición.Lo que sí puede haber pasado es que ese moreno ejecutado en la Fortaleza tuviera otro nombre, que no fuera el de Antonio Ruiz, más allá de los testimonios que en su momento recibió el expresidente. Quizás se tratara de otro Falucho, o alguno unió el nombre del soldado Antonio Ruiz que sobrevivió al Callao con el de otro moreno que efectivamente murió allí el 6 de febrero de 1824. En la conclusión de su artículo, Quiroga Micheo dice: “Mitre tenía razón. Hubo un negro que murió por nuestra bandera en el Callao junto con otros más que se inmolaron por sus ideales. El que ninguno de ellos se apodara Falucho no tiene mayor importancia, pues en el corazón de los argentinos, bajo ese nombre seguramente equivocado, pero perteneciente a otro valiente soldado, quedará para siempre inmortalizada una hermosa y gloriosa tradición de nuestra historia patria”.