En la profundidad del océano existe un mundo donde la luz del Sol no llega, la presión alcanza niveles extremos y las temperaturas permanecen cerca del punto de congelación. A pesar de estas condiciones aparentemente incompatibles con la vida, la zona abisal alberga una gran variedad de organismos que han evolucionado para sobrevivir. Entre ellos se encuentra uno de los animales más extraños del océano profundo: el calamar de aleta grande, que forma parte de la familia Magnapinnidae.Investigadores del Monterey Bay Aquarium Research Institute han logrado documentar uno de estos esquivos calamares en una zona del Pacífico nororiental donde nunca antes se había confirmado su presencia. El encuentro tuvo lugar el 7 de agosto durante una expedición cerca del Davidson Seamount, frente a la costa de California. A unos 3.277 metros de profundidad, el robot submarino Doc Ricketts, operado de forma remota, captó las imágenes de un animal que parecía flotar sobre el fondo marino, moviendo suavemente su enorme aleta mientras sus largos apéndices se extendían hacia las profundidades.Una anatomía diseñada para sobrevivir en las profundidades La primera impresión de la investigadora Olivia Soares Pereira fue que se trataba de una medusa. En la pantalla apenas se distinguían las puntas de unos filamentos que son muy finos. No obstante, cuando aparecieron las características "articulaciones" de sus apéndices, quedó claro que se encontraban ante algo mucho más inusual. El ejemplar medía aproximadamente 1,25 metros desde la parte superior del cuerpo hasta el extremo de sus brazos, según las mediciones realizadas con los láseres del robot submarino.El aspecto del calamar de aleta grande resulta casi surrealista. Su cuerpo es relativamente pequeño y compacto, pero cuenta con una enorme aleta que le da su nombre. Bajo el cuerpo hay ocho brazos y dos tentáculos, aunque en esta especie la diferencia visual entre ambos es difícil de apreciar porque todos terminan en filamentos largos y delgados. Algunos de estos apéndices pueden alcanzar varios metros de longitud.Pero lo más desconcertante no es únicamente su tamaño. El calamar adopta una postura característica en la que sus brazos y tentáculos se extienden casi perpendicularmente al cuerpo y después se doblan formando un ángulo cercano a los 90 grados. Esta peculiar posición, conocida como postura de codo, sigue siendo un misterio para los científicos. Al permanecer suspendido sobre el fondo marino con sus largos filamentos extendidos, el animal podría capturar de manera pasiva pequeños organismos que entren en contacto con ellos. Esta es la ciudad perdida en el medio del océano AtlánticoY es que sabemos poco del calamar de aleta grande. Solo se han observado o recogido alrededor de 70 ejemplares, lo que deja enormes lagunas sobre aspectos básicos de su biología. Los investigadores todavía no saben con certeza qué comen, cómo capturan a sus presas, cómo se reproducen o cuántos individuos hay realmente. Se han registrado ejemplares de Magnapinnidae a mucha profundidad: uno de ellos fue observado a 6.212 metros bajo la superficie, convirtiéndolo en uno de los calamares que viven mejor a profundidades conocidas.Un calamar muy raro, pero presente en casi todos los grandes océanos No es fácil ver este tipo de calamar, sobre todo porque suele estar a mucha profundidadAunque los encuentros son poco frecuentes, la especie parece tener una gran distribución. Se han producido observaciones en los océanos Atlántico, Pacífico e Índico, desde el golfo de México hasta Australia, Hawái, Filipinas y otras regiones del Pacífico. Un análisis global reciente incluso apunta a que hábitats potencialmente adecuados para el Magnapinnidae podrían ocupar hasta el 62 % de la superficie oceánica y cerca del 70 % de su volumen. Ahora bien, parecen encontrarse a mucha profundidad, de ahí que se hayan visto pocos ejemplares.El descubrimiento también resulta interesante porque el calamar no era el objetivo de la expedición. Los científicos estaban estudiando unas marcas en el fondo marino que podrían haber sido producidas por ballenas picudas mientras se alimentaban. Davidson Seamount, situado a unos 130 kilómetros al suroeste de Monterey, es conocido por concentrar una gran cantidad de vida marina. Sus estructuras elevadas modifican las corrientes oceánicas y pueden favorecer la concentración de nutrientes y alimento, creando auténticos oasis en las profundidades. Sobre la aparición de este calamar de aleta grande, recuerda cuánto queda todavía por descubrir bajo lo más profundo del océano. Las profundidades marinas continúan siendo uno de los grandes territorios desconocidos para la ciencia. Y quizá precisamente por eso, cuando una cámara consigue capturar durante unos minutos la silueta de un animal así, flotando en la oscuridad, representa una ventana única hacia un mundo que apenas estamos empezando a comprender.