Silent Anvil lleva la caza de submarinos a los drones: la Marina de EE UU quiere un torpedo furtivo del tamaño de una bomba pequeña

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La Marina de Estados Unidos está trabajando en una nueva generación de armamento antisubmarino que podría cambiar por completo la guerra bajo el agua. El Naval Air Systems Command ha planteado el desarrollo del Silent Anvil Air-Launched Torpedo, conocido como SAA-LT, un torpedo de dimensiones reducidas pensado para ser lanzado por drones que operen desde portaaviones u otras embarcaciones.La característica que más llama la atención del proyecto es precisamente su tamaño. Según los requisitos preliminares publicados por la Armada estadounidense, el Silent Evil Anvil tendrá una longitud aproximada de unos 1,78 metros y un peso máximo de aproximadamente 122 kilogramos. Estas dimensiones lo sitúan en una categoría mucho más compacta que la de los torpedos pesados empleados por las fuerzas navales, abriendo la posibilidad de integrarlo en aeronaves no tripuladas que hasta ahora no estaban preparadas para transportar este tipo de torpedos.El Silent Anvil busca llevar los torpedos a los drones Un dron MQ-9 ReaperUno de los objetivos más importantes es que el nuevo torpedo pueda instalarse fácilmente en el soporte BRU-61/A, un sistema de lanzamiento empleado por una amplia variedad de aeronaves tripuladas y no tripuladas. Este soporte se utiliza normalmente para transportar bombas planeadoras de precisión GBU-39B, cuyo peso es similar al previsto para el Silent Anvil. La compatibilidad permitirá aprovechar las plataformas ya existentes, reduciendo las modificaciones necesarias.No obstante, el elemento que podría marcar la diferencia no es únicamente la reducción de tamaño, sino el énfasis puesto en la discreción. La Armada busca que el Silent Anvil pueda aproximarse a sus objetivos submarinos manteniendo una firma de detección muy baja. En un entorno donde los submarinos dependen precisamente de su capacidad para permanecer ocultos, conseguir que un torpedo como este pueda atacarlos sin revelar con facilidad su presencia representa un gran desafío.La reducción del torpedo hasta unas dimensiones comparables a las de una bomba de pequeño diámetro también podría ampliar el número de aeronaves capaces de participar en misiones de guerra antisubmarina. Plataformas como el MQ-9 Reaper, por ejemplo, podrían convertirse en vectores de ataque contra submarinos, sirviendo de apoyo.Hasta ahora, uno de los principales protagonistas de la guerra antisubmarina aérea estadounidense ha sido el P-8A Poseidon, diseñado específicamente para detectar, seguir y atacar submarinos. La aparición de torpedos compactos compatibles con aeronaves no tripuladas podría distribuir esta capacidad entre un número mucho mayor de plataformas.La guerra submarina gana protagonismo en el Pacífico El portaaviones chino Fujian en alta marA nivel estratégico, el creciente poder naval de China, sobre todo en el Pacífico, está haciendo que Estados Unidos busque nuevas formas de contrarrestar las capacidades submarinas y de superficie. Si el Silent Anvil consigue materializarse, la guerra antisubmarina podría depender cada vez menos de grandes aeronaves tripuladas y más de una combinación de IA y plataformas autónomas.Esta transformación tendría además implicaciones que van más allá de un nuevo torpedo. Los sistemas no tripulados podrían asumir misiones de elevado riesgo, mientras que algoritmos avanzados ayudarían a procesar enormes cantidades de información procedentes de todo tipo de sensores. El verdadero cambio se produciría cuando detección, seguimiento y ataque formen parte de una arquitectura integrada y parcialmente autónoma. Jimena Viveros, experta de la ONU, sobre el daño que podrían causar los drones: «niveles de destrucción equiparables a los de las armas de destrucción masiva» y ya está todo en marchaTodavía queda por demostrar si el Silent Anvil podrá alcanzar los objetivos planteados. Pero la idea refleja una tendencia cada vez más clara: hacer que los sistemas de defensa y ataque sean cada vez más pequeños, inteligentes y fáciles de desplegar sin sacrificar su capacidad operativa. Si este concepto prospera, los torpedos lanzados desde aeronaves no tripuladas podrían convertirse en una herramienta decisiva para localizar y combatir submarinos, alterando el equilibrio entre ocultación y detección que durante décadas ha definido la guerra submarina.