Un soltero incomoda a su cita con sus continuos comentarios de mal gusto: «Eso no se le dice a una mujer»

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Dice la ciencia que se necesitan unos 90 segundos para elaborarse una primera impresión de alguien. A Antonio (74) y Pilar (80) les sobraron 89 para desagradarse mutuamente al conocerse en 'First Dates'. El jubilado madrileño afincado en Oropesa del Mar (Castellón) presumió de haber trabajado en muchos ámbitos y, en consecuencia, ser un hombre de mucha calle. «He aprendido muchas cosas que no son conocimiento general precisamente», aseguró a modo de carta de presentación. También se describió como una persona activa, curiosa, 'vanguardista' y un poco 'queer', pues disfruta experimentando su sexualidad. Igual de claro tenía el prototipo de pareja que buscaba. «Me gustan llenitas, intelectual y que no sea muy vulgar», apuntó. Acto seguido apareció por la puerta del restaurante Pilar, una profesora jubilada de Benidorm que disfruta de ampliar su curiosidad cultural. «Me ha impactado, pero negativamente», reaccionó el soltero al primer vistazo de su cita. Ella tampoco se quedó corta al expresar el descontento que experimentó al ver a su pretendiente esperándola en la barra. Antonio estaba «demasiado dejado» para su gusto. Sin embargo, el aspecto físico quedó en segundo plano una vez entablaron conversación… La opinión de ella empeoró más. Antonio, alardeando de ser una persona muy directa. Después de confesar en los totales que veía a su cita «como si estuviera mirando una mujer de 1911», dejó caer delante de la aludida que debería echarse algo en la cara para disimular las arrugas. Un comentario fuera de lugar que, como era de esperar, molestó a Pilar. «Eso no se le dice a una mujer. Yo sé cómo soy, lo que tengo y sé que represento mi edad», aseveró en privado. Pero la valenciana se tomó la revancha y aprovechó la ocasión para soltarle a su cita que le parecía mayor de lo que marca su DNI. A Antonio le pareció extraño y se planteó que quizá había dicho algo que la había ofendido. Aunque, en lugar de intentar resarcirse, siguió saltándose la regla no escrita de que en una cita conviene no incomodar al otro con ciertos temas. El soltero se jactó de ser una persona muy 'evolucionada' y tiró por tierra la vida tranquila de Pilar, que transcurre entre lectura, paseos con su perro y cafés con sus amigas. Ella asumió que era «el polo opuesto» al madrileño en todos los aspectos. «No tengo experiencia de la vida, nada más que lo que he vivido en mi matrimonio», admitió. Antonio insistió en que debía «salir del círculo», a lo que Pilar le respondió que precisamente para eso había acudido a 'First Dates'. «Ya llegará el momento y si no, no pasa nada», argumentó la mujer. Antonio se tomó con humor la respuesta de la soltera y le recordó que quizá lo único que acabaría llegando sería la muerte. Incluso recurrió a una frase atribuida a los indios: «Cualquier día es bueno para morirse». Ella no le encontró ninguna gracia al comentario. «No estoy preparada para eso. Me queda mucha vida», replicó. Antonio, lejos de dejar el asunto, le recordó entonces que tenía 80 años y que, según las estadísticas, a partir de esa edad es cuando más propicia es la muerte. El intercambio dejaba patente que sus formas de entender la vida estaban en las antípodas. En la decisión final, Antonio volvió a presumir de que Pilar «no está en mi mundo» y de verla con una mentalidad «un poco antigua». Él se definía como «más atrevido, lanzado…», mientras que ella coincidía en el motivo de dar el 'no' a una segunda cita. «Me pasa igual, te veo demasiado lanzado y yo soy más conservadora».