Alejandra Salazar afronta a sus 40 años su última temporada como profesional. Siete veces campeona del mundo, número uno durante cuatro años y actualmente en el puesto 13 del ranking , la madrileña continúa compitiendo al máximo nivel. ABC conversa con ella durante la presentación de la nueva colección de palas de Bullpadel, en un evento celebrado en el Movistar Arena con motivo del P1 de Madrid, donde Salazar avanza esta semana hasta los cuartos de final. Una carrera de más de dos décadas marcada por los grandes éxitos, pero también por las lesiones, de las que siempre consiguió regresar. - Quería empezar por sus inicios. ¿Cómo recuerda aquella etapa y cómo decidió que quería dedicarse profesionalmente al pádel en lugar de a su carrera de empresariales? - Fue algo que se fue dando sin siquiera pensarlo. Empecé a jugar en el Club de Campo viendo a mi madre. Yo quería pasar a la acción porque me divertía mucho verla jugar con sus amigas. Tenía ocho o nueve años, por aquella época, y me encantaban todos los deportes. También jugaba al baloncesto en el colegio. Un día le dije: «Mamá, me encanta verte jugar, pero yo quiero pasar a la acción». Poco a poco me fue encantando el deporte. Durante muchos años lo hice más como un hobby y lo compaginaba con otros deportes y con los estudios. Después empecé a jugar el circuito de menores, pero entonces no veía el pádel como una profesión. Hoy las niñas sí proyectan que existe un circuito en el que pueden vivir de este deporte, tienen referentes y pueden decir: «Quiero ser como esta jugadora o como aquella». En aquel momento eso no existía. Seguí estudiando y, cuando estaba terminando la carrera, cada vez iba ganando más partidos y las condiciones del circuito iban mejorando poco a poco. Entonces me llamó Carolina Navarro para jugar la temporada siguiente. Para mí fue una sorpresa: una número uno me estaba llamando para jugar conmigo. Yo ya estaba alrededor de la pareja 3 y terminando la carrera. Empezamos a jugar juntas y, en el segundo torneo, me rompí la rodilla. Tenía 21 o 22 años y era mi primera lesión grave, precisamente en el momento en el que empezaba a pensar que podía pelear por el número uno. Fue un palo bastante gordo lesionarme en el momento que podía pelear por estar en lo más alto. - ¿Llegó a plantearse dejar el pádel y retomar la carrera o la vía laboral, o en ningún momento contempló esa posibilidad? - Tuve la suerte de que Carolina, que era mi compañera, ya se había roto la rodilla dos veces. Me dio muchísimo apoyo, me fue guiando y aconsejando durante todo el proceso. Ella era la mejor persona que podía tener a mi lado en ese momento. Había vuelto a jugar como los ángeles, así que para mí era un espejo y un referente: «Si Carolina ha podido recuperarse, yo también voy a hacerlo». Me dio mucha motivación y tranquilidad. Intenté rodearme del mejor equipo posible para volver y aquel proceso fue forjando mi carácter. Aprendí que, pase lo que pase, puedo volver a ganar partidos y a dar mi mejor versión. Al año siguiente fuimos número uno juntas. Carolina me esperó y volvió conmigo, y yo tenía toda mi ilusión puesta en recuperarme para poder jugar con ella. Carolina Navarro es ahora la seleccionadora española y dentro de poco llega el Mundial. ¿Sueña con estar en esa convocatoria? - Sí, tengo esa ilusión. Creo que puedo aportar mucho al equipo y que puedo estar en esa lista de ocho jugadoras que puedan acudir al Mundial. Tenemos grandísimas jugadoras y me encantaría formar parte del equipo y poder ganar otro título para España. - Ha tenido que superar varias lesiones importantes a lo largo de su carrera. Primero la rodilla, después otros problemas de salud y, cuando volvía a encontrarse bien, volvió a lesionarse la otra rodilla. ¿A qué se ha agarrado en esos momentos tan difíciles para conseguir regresar siempre a su mejor nivel? - He pasado por bastantes situaciones: la rodilla, un neumotórax, una miocarditis... Al final, todas esas cosas hacen que estés alejada de las pistas durante un tiempo. Y creo que, cuando estás fuera, echas de menos aquello que haces. El hecho de haber estado apartada de los entrenamientos y de la competición hizo salir a esa niña que dice: «Esto es mi pasión, me tengo que recuperar al máximo porque quiero volver a hacer lo que más me gusta». Creo que ese carácter también se ha ido forjando por todas las cosas que me han pasado. He aprendido a valorar mucho aquello a lo que me estaba dedicando y a volver más fuerte para que esta carrera durase todo lo que ha durado. Estoy muy orgullosa de haberme sobrepuesto a todas esas lesiones. Después, cuando estaba número uno y peleando por volver a serlo, me volví a romper la otra rodilla. Años más tarde conseguí volver a ser número uno durante dos años consecutivos. Por eso, uno de mis mensajes para las nuevas generaciones es que, pase lo que pase, con perseverancia, trabajo y esfuerzo puedes volver a dar lo mejor de ti y sacar un rendimiento brutal. - Durante todos estos años también ha tenido que enfrentarse a grandes rivales. Desde las gemelas Sánchez Alayeto hasta otras grandes parejas que han marcado diferentes épocas. ¿Qué rivales cree que más le han ayudado a crecer como jugadora? - A lo largo de todos estos años hemos tenido varias rivalidades. Podría hablar de parejas como Iciar y Neki en su momento; después Patty y Eli; también Carol y Ceci; las gemelas, con las que Marta Marrero y yo nos peleábamos prácticamente en todas las finales; y posteriormente Ari y Paula. Ha sido muy bonito porque siempre ha existido mucha pelea y una retroalimentación que nos hacía mejores unas a otras. Es bonito echar la vista atrás, recordar todo lo que hemos luchado y ver dónde está hoy el pádel. Creo que el circuito ha llegado hasta aquí gracias a todas esas jugadoras. - Ha jugado con muchas compañeras de enorme nivel. Si tuviera que elegir, ¿con quién cree que ha conseguido sentirse más cómoda o sacar su mejor versión? - Es una pregunta muy difícil de responder porque he tenido muy buenos momentos con muchas compañeras. Tuve mi primer número uno con Marta Marrero, también lo fui con Ari Sánchez en otro momento y con Gemma Triay. Creo que todas ellas me han hecho jugar muy bien y todas han aportado algo a mi carrera. —En 2024 decidió jugar con Tamara Icardo en lugar de hacerlo con Gemma Triay. ¿Se arrepiente de aquella decisión? —Yo había cerrado con Tamara y le había dado mi palabra de que íbamos a jugar juntas. Después recibí la llamada, quizá inesperada, de Gemma. Pero en aquel momento consideré que mi camino era con Tamara. Además, empezamos muy bien el año. Estuvimos peleando en semifinales, intentando ganar a las parejas número uno y número dos, y tuvimos partidos muy buenos contra ellas. Después Tamara sufrió una lesión que inicialmente no parecía tan grave, pero terminó siendo muy complicada y estuvo casi cuatro meses fuera. Ahí empezó un poco el proceso de cambiar de compañera, esperar a Tamara... Finalmente no consiguió recuperarse y el proyecto terminó. Fue una pena porque creo que también podíamos haberlo hecho muy bien y haber seguido entre las cuatro mejores. Mañana tendrá enfrente a las número uno. Son unos cuartos de final en Madrid y, además, en su última temporada. ¿Cómo afronta el partido? - Llegados hasta aquí, creo que es un partido en el que realmente no tenemos nada que perder. No somos las favoritas. Vamos a seguir vaciándonos y, para mí, ya es un regalo haber podido llegar hasta el viernes y haber disfrutado de toda esta semana. Mañana toca un partido durísimo, pero me voy a vaciar e intentaré dar lo mejor de mí.