Jason Rahimitabar, directivo especializado en Defensa: «Un dron de 50 dólares no se detiene con una puerta, un guardia o un arma en una base militar»

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Una verja ya no marca el límite de una instalación sensible. Un aparato pequeño puede sobrevolarla, observar lo que ocurre dentro y acercarse a edificios, depósitos o aeronaves sin buscar una entrada. La protección física conserva su utilidad frente a una intrusión terrestre, pero deja libre el espacio que comienza unos metros por encima de la garita.El problema aparece antes de decidir cómo derribarlo. Un punto en el radar puede ser un pájaro, un vuelo recreativo que se ha desviado o una amenaza deliberada. Para el personal de seguridad, detectar, clasificar y decidir en segundos resulta tan importante como disponer de un arma capaz de intervenir.A esa dificultad se suma la factura. Un atacante puede gastar decenas o cientos de dólares en un aparato comercial, mientras el defensor activa sensores, corta accesos y reserva munición mucho más cara. Cada falsa alarma consume tiempo y recursos. En esta disputa, el coste también forma parte del ataque.El agujero sobre las instalacionesJason Rahimitabar, vicepresidente ejecutivo de LEXSO en Constellis, ha condensado el problema en una frase: «La amenaza de un dron de 50 dólares que alguien puede comprar por internet o en una ferretería no se mitiga con una puerta, un guardia o un arma», afirmó, en traducción al español. La declaración aparece en un contenido patrocinado por Constellis publicado por Breaking Defense, una relación comercial que debe tenerse presente.El directivo lleva el desequilibrio más lejos. Según sus cifras, hay aparatos que cuestan 50 dólares y respuestas cuyo precio va de 15.000 a cuatro millones por disparo. Son cantidades aportadas por la empresa, no una tarifa común para todos los sistemas. Aun así, el diagnóstico coincide con la guerra de costes reconocida por la OTAN: un defensor puede ganar el choque y perder el presupuesto.El Pentágono ya calificó los sistemas no tripulados como una amenaza urgente y duradera para su personal, sus instalaciones y sus medios. Su estrategia pública de diciembre de 2024 pide reducir la diferencia de coste entre los drones y las contramedidas. La Oficina de Rendición de Cuentas de Estados Unidos también ha advertido de las limitaciones para localizar aparatos pequeños y neutralizarlos sin afectar a comunicaciones legítimas. Los nuevos drones por fibra añaden otra dificultad porque vuelan sin depender de un enlace de radio que pueda bloquearse. Una sola tecnología no cubre todos los casos.Detectar antes de dispararLa defensa eficaz necesita varias capas coordinadas: radares para seguir el vuelo, cámaras para reconocer el objeto, sensores acústicos o de radiofrecuencia para confirmar la alerta y una respuesta proporcionada al peligro. Esa última fase puede recurrir a interferidores, drones interceptores, proyectiles, microondas o armas láser españolas, según la distancia, el entorno y el tipo de objetivo.La OTAN anunció el 7 de julio de 2026 que sus aliados invertirán más de 40.000 millones de dólares en capacidades antidrones y formación durante cinco años. Otra demostración de la Alianza situó en unos 14.500 dólares el precio del interceptor Merops, muy por debajo de un misil antiaéreo convencional. La respuesta barata no elimina la necesidad de otras capas: la guerra electrónica puede bloquear una señal, pero pierde eficacia ante sistemas autónomos o guiados por cable. Cada blanco exige una herramienta distinta.Constellis presenta LEXSO como una plataforma capaz de reunir radares, lidar, cámaras y otros sensores en una misma pantalla. Su inteligencia artificial asignaría un grado de confianza a cada aviso antes de que el operador decida. La promesa pertenece a la compañía y no equivale a una evaluación independiente, aunque señala uno de los cuellos de botella reales: demasiados datos pueden saturar al personal y retrasar la reacción.La protección comienza mucho antes de que el aparato alcance la valla. También debe abarcar los centros de datos, el suministro eléctrico y las comunicaciones que mantienen operativa una instalación. El Ejército estadounidense adjudicó en julio de 2026 un contrato con un techo de 500 millones de dólares para reforzar sus capacidades antidrones dentro del país. Los presupuestos militares ya confirman la magnitud del problema que Rahimitabar resumió con un aparato de 50 dólares.