Cada nuevo día es una oportunidad para crecer interiormente y el Papa León XIV lo sabe. El Pontífice está comprometido con la formación espiritual de los miembros de la Iglesia católica y todos aquellos que se acerquen a escuchar. En la era de las redes sociales, sus mensajes tienen más alcance que nunca. Sin irse más lejos, en las últimas horas ha compartido una lección sobre la esperanza y la paciencia . Así, invita a millones de personas a reflexionar sobre el papel de ambas virtudes en sus vidas personales. Merece la pena tomarse unos minutos de reposo y silencio para meditar el siguiente mensaje; en él se pueden detectar algunos puntos a mejorar de forma individual y como sociedad. León XIV utiliza en su día a día un perfil de X ( @Pontifex_es ) para hacer llegar su inspiración al pueblo de una forma más rápida. También publica otros comentarios, como su mensaje de preocupación por Ceuta . Más de 16,6 millones de personas le siguen en esta cuenta -y otras 14,3 en Instagram ( @pontifex )- y ven reflexiones diarias como la que hoy comentamos. « No tengan miedo de sembrar sin ver inmediatamente los frutos . A ustedes les corresponde sembrar; el crecimiento pertenece a Dios. Ningún gesto realizado en el nombre de Cristo es inútil», escribe. Esta publicación, aunque breve y discreta, recoge varias ideas que pueden inspirarnos a vivir mejor cada día a partir de hoy. Algunos pueden leerla y traer a su memoria una lista de refranes españoles que hablan de la misma importancia de la paciencia y la esperanza, como 'Vísteme despacio, que tengo prisa', 'A su tiempo maduran las uvas' y 'Con paciencia todo se logra'. Detengámonos por partes en el mensaje del Pontífice. Primero anima a que no tengamos miedo de sembrar sin ver inmediatamente los frutos. El resultado de nuestras buenas obras o de nuestro esfuerzo no tiene por qué ser repentino y no por ello es menor. Solo hay que saber que se disfrutará en algún momento y estar conforme con la espera. Como un agricultor que siembra la semilla y debe esperar años para ver el fruto sobre su mesa, de igual manera nosotros seremos más felices si aprendemos a esperar el resultado justo por nuestro esfuerzo. Eso sí, esa espera que el Papa nos invita a adoptar no debe de ser quietud, sino esforzada. El agricultor siembra y no se sienta a mirar cómo crece el frutal, sino que riega, limpia los abrojos, ahuyenta los animales y previene las plagas, comprende los ciclos del árbol y recolecta con cuidado el fruto antes de comerlo. Al comerlo, disfruta doblemente del sabor dulce del alimento y de la espera y el esfuerzo discreto de esos años. «A ustedes les corresponde sembrar; el crecimiento pertenece a Dios», añade a continuación a su metáfora sobre el agricultor paciente. Esto significa que nosotros, como las personas que habitan el mundo en el presente, tenemos la responsabilidad y obligación de seguir trabajando el campo. Nadie lo podrá hacer por nosotros, ni nuestros antepasados ni nuestros descendientes. Algunos habrán leído esa llamada a la acción y habrán recordado la frase que Jesús dirigió a sus discípulos en el Evangelio: «La mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies». De la misma forma, a nosotros nos corresponde sembrar y llenar el mundo de buenas acciones, mientras que el fruto de ese esfuerzo se queda en manos de Dios, que nos lo hará ver con más o menos tiempo. Confiemos que en que no caerá en saco roto: «Ningún gesto realizado en el nombre de Cristo es inútil». Esta misma idea ya había llegado a las redes sociales gracias a su antecesor, el Papa Francisco. El Papa incluyó otra frase con un significado similar en su primera exhortación apostólica , 'Evangelii gaudium' (La alegría del Evangelio), publicada oficialmente el 24 de noviembre de 2013. Esta dice así: «Uno sabe bien que su vida dará frutos, pero sin pretender saber cómo, ni dónde, ni cuándo. Tiene la seguridad de que no se pierde ninguno de sus trabajos realizados con amor, no se pierde ninguna de sus preocupaciones sinceras por los demás, no se pierde ningún acto de amor a Dios, no se pierde ningún cansancio generoso, no se pierde ninguna dolorosa paciencia. El Espíritu Santo obra como quiere, cuando quiere y donde quiere; nosotros nos entregamos pero sin pretender ver resultados llamativos . Sólo sabemos que nuestra entrega es necesaria . Sigamos adelante, démoslo todo, pero dejemos que sea Él quien haga fecundos nuestros esfuerzos como a Él le parezca».