Sudar es uno de los mecanismos más eficaces que tiene el cuerpo humano para enfrentarse a las altas temperaturas. No obstante, una nueva investigación de la Arizona State University revela que este sistema de refrigeración puede ser mucho menos eficiente de lo que suponíamos en determinadas condiciones. En ambientes muy calurosos, secos y sin viento, un fenómeno físico puede reducir la evaporación del sudor en más de un 50 %, haciendo que nuestro cuerpo acumule calor con mayor rapidez.Los modelos utilizados para calcular el riesgo de estrés térmico podrían estar sobreestimando la cantidad de sudor que realmente se evapora de la piel. Esto significa que algunas situaciones aparentemente controlables, como trabajar en un edificio sin terminar u otro lugar parcialmente cerrado, podrían resultar más peligrosas de lo previsto.El fenómeno que frena la evaporación del sudor ANDI, el maniquí usado para las pruebasLa relación entre el calor extremo y el sudor era algo que ya despertaba la curiosidad de los científicos hace siglos. En 1775, el médico inglés Charles Brian Blagden y varios compañeros llegaron a permanecer en habitaciones cuya temperatura superaba los 110 grados Celsius. Pues bien, lograron mantener relativamente estable su temperatura corporal mientras sudaban de forma excesiva. La explicación estaba en la evaporación: el sudor absorbe energía térmica de la piel cuando se transforma en líquido de vapor y pasa al aire.El problema aparece cuando este proceso se ralentiza. El sudor que permanece sobre el cuerpo o simplemente gotea hacia el suelo tiene un efecto refrigerante mucho menor. Y en condiciones extremas, incluso un ambiente seco, que normalmente favorece la evaporación, puede ser un gran inconveniente si apenas corre el aire.Aquí entra en juego el equipo dirigido por Konrad Rykaczewski, profesor de ingeniería de Arizona State University. Resulta que descubrió que la clave está en dos corrientes de aire que se producen simultáneamente alrededor de la piel. Por un lado, el aire caliente que entra en contacto con una superficie relativamente más fría, como el cuerpo, se vuelve más denso y tiende a descender. Por otro lado, el agua que se evapora del sudor aumenta la humedad del aire cercano a la piel. Ese aire húmedo es más ligero que el aire fresco y tiende a ascender. Sudoración nocturna recurrente: el síntoma que podría alertar sobre cáncerCuando la temperatura ambiental ronda los 40,5 grados Celsius, la humedad es baja y no hay viento, ambas fuerzas pueden llegar a contrarrestarse. El resultado es una zona de aire prácticamente estancado alrededor de la piel. Al reducirse el movimiento del aire, disminuye también la velocidad a la que el sudor puede evaporarse. Según los investigadores, ignorar este efecto puede hacer que los modelos subestimen en casi un grado Celsius el aumento de la temperatura corporal interna de una persona en reposo después de dos horas de exposición.Para estudiar estas condiciones sin poner en peligro a los voluntarios, los científicos utilizaron a ANDI, un maniquí diseñado para reproducir el intercambio de calor del cuerpo humano. El maniquí cuenta con sensores distribuidos por su superficie y pequeños poros capaces de liberar un líquido que imita el sudor. Los investigadores realizaron decenas de experimentos y, posteriormente, usando un ordenador con el software correspondiente, llevaron a cabo alrededor de un centenar de simulaciones cambiando la temperatura, humedad y movimiento del aire.La variable que los modelos estaban pasando por alto El profesor Konrad Rykaczewski con un traje térmicoEl descubrimiento pone de manifiesto una posible limitación de los modelos tradicionales de balance térmico humano. Aunque estas fuerzas de flotación son conocidas en ingeniería y se han estudiado en sistemas como los dispositivos electrónicos, hasta ahora habían recibido mucha menos atención cuando se trataba del cuerpo humano. La investigación demuestra además el valor de combinar disciplinas como la ingeniería y la fisiología para comprender fenómenos desde una perspectiva diferente.Cabe mencionar que este estudio también conecta con investigaciones anteriores del mismo equipo sobre la manera en que el sudor se distribuye por la piel. Los científicos observaron que la transpiración puede acumularse inicialmente alrededor de los poros hasta formar una película líquida muy fina y continua. Una vez evaporada, puede quedar una pequeña cantidad de sal sobre la superficie cutánea que facilita que nuevas gotas de sudor se extiendan con mayor rapidez. Una película continua aumenta la superficie de líquido expuesta al aire y puede favorecer la evaporación.Comprender estos mecanismos podría tener consecuencias prácticas. Modelos de calor más precisos permitirían mejorar las recomendaciones de seguridad para los trabajadores expuestos a temperaturas extremas y optimizar los sistemas de refrigeración. También podría impulsar el desarrollo de nuevos tejidos capaces de mantener el sudor cerca de la piel y extenderlo sobre una superficie mayor para favorecer su evaporación.