En el horno de Loja, provincia de Granada, se espera a la Vuelta con la cervecita en la mano. Hace un calor endemoniado. El termómetro se acerca a los 40 grados, una madre amamanta al bebé. Los balcones se llenan de banderas españolas, pero nadie se mueve de las vallas, aunque ardan. Siguen la carrera en los teléfonos móviles y el que más entiende -porque entiende- adelanta a la cuadrilla que lo acompaña, a 30 kilómetros de la llegada, que ganará vúvanae’, al que identifica con el jersey verde, y que si se escapa no es para hacer turismo ni admirar el paisaje.Seguir leyendo....