Las consecuencias del cambio climático se dejan notar en los ecosistemas y los hábitats naturales, pues alteran las condiciones ambientales esenciales como la temperatura del agua o los regímenes de caudal. Este mismo verano ha habido problemas con la generación eléctrica debido al incremento de ejemplares de medusas que han tapado las tomas de refrigeración de centrales nucleares en Francia, pero las consecuencias van mucho más allá y amenazan incluso a especies. No en vano, se trata de una transformación que vulnera su equilibrio biológico, una cuestión que afecta a aspectos tan delicados y cruciales para su conservación como sus procesos de reproducción.Eso es lo que le ocurre al salmón Chinook del río Sacramento, en California. Esta especie necesita agua muy fría para que sus huevos salgan adelante, pero el aumento global de las temperaturas ha recalentado el río en que desarrolla su vida. El problema se agrava porque las grandes presas de la zona como la de Shasta impiden a estos salmones nadar hacia las aguas frías de alta montaña donde desovaban antes. Atrapados en los tramos más bajos y cálidos del cauce, la subsistencia de estos peces pende hoy de un hilo.Así se desprende de la investigación encabezada por Kohma Arai, investigador postdoctoral en la Universidad de California, en Davis y en la que también han colaborado científicos de la universidad, NOAA Fisheries, UC Santa Cruz, UCLA y el Instituto Noruego de Investigación de la Naturaleza y que ha sido publicada en el medio especializado Science Advance.En ella se detallan los aspectos que están afectando a la población de esa especie de salmón en particular y a sus procesos reproductivos y cómo las condiciones climáticas y las medidas que se adoptan en torno a ella están marcando su futuro.Supervivencia comprometida ante la oscilación térmica del aguaEl hallazgo central del estudio desmonta la idea de que la masa de agua fría deba mantenerse constante durante todo el verano para una correcta evolución de los óvulos que se depositan en la fase de desove del salmón Chinook. Analizando los datos de supervivencia, los investigadores descubrieron que el momento verdaderamente determinante se reduce a una ventana de apenas 15 días tras la fertilización de los huevos.Si el agua mantiene la temperatura adecuada durante esas dos primeras semanas de incubación, el embrión logra salir adelante y demuestra después una mayor tolerancia al calor. Si el agua se calienta en ese periodo inicial, la puesta fracasa y, con ello, se reduce el volumen de población. El estudio establece además una ventana de oscilación térmica muy exigua como margen entre el éxito del proceso y una merma considerable de huevos con respecto al momento del desove.Un grado más destruye tres cuartas partes de la puestaSegún las conclusiones del equipo, por cada grado Celsius que sube la temperatura media del río durante esa ventana de 15 días, la probabilidad de que las crías de un nido sobrevivan cae alrededor de un 73%. Entre los alevines que salen adelante, se pudo comprobar una tolerancia mayor a temperaturas acuáticas más elevadas.Lo que sucede es que en años en que la ausencia de lluvias pone en riesgo las reservas hídricas, ese dato se ve todavía más expuesto. La presa de Shasta abastece a toda su zona, y los recursos se priorizan para población e industria. Eso conlleva que no se puedan abrir sus compuertas y aportar caudal al río Sacramento con el que reducir la temperatura de sus aguas. Si esos momentos de sequía coinciden con las épocas de desove de las hembras de salmón Chinook, el problema de su supervivencia se acrecienta.El equilibrio en este aspecto resulta complejo, pues emplear ese recurso para incentivar la supervivencia de un lote específico de cría del salmón tampoco redunda en una solución adecuada. Esto se debe al hecho de que se disminuiría el número de ejemplares acostumbrados a unas condiciones climáticas que son una tendencia más que un evento puntual. La solución definitiva, según señalan los investigadores pasa por racionar por devolver a los peces el acceso a sus hábitats de alta montaña más que por racionar el agua desde una presa.