Mientras SpaceX lanza cohetes desde Texas casi todas las semanas, dos cifras crecen en paralelo y en direcciones que rara vez se conectan en la misma nota: la cantidad de basura acumulada en órbita, y el daño medible sobre un ecosistema costero protegido en el sur de Estados Unidos. Ambas son consecuencia directa del mismo fenómeno: la industria espacial nunca lanzó, ni contaminó, tanto como ahora