Álex Palou naufraga en la carrera de Trump por las calles de Washington

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Donald Trump está al volante de una presidencia turbulenta y la histórica carrera de Indycar que organizó este domingo en las calles de Washington se contagió de esas sacudidas. Quien salió peor parado fue Álex Palou: el piloto español aspiraba a todo y él y su equipo se enredaron en errores que le dejaron sin gloria en la capital de EE.UU. En una participación impropia del catalán, llena de errores y desgracias, el catalán ni siquiera pudo puntuar. Se quedó sin opciones después de estrellar su monoplaza contra el interior de una curva. La carrera, con la firma inconfundible de Trump, era el colofón de los fastos organizados por el presidente de EE.UU. para celebrar el 250º aniversario de la fundación del país . El deporte ha tenido mucho protagonismo en estas celebraciones, incluida la disputa del Mundial de fútbol en territorio estadounidenses y en coincidencia con el festivo nacional del 4 de julio, el día de la Declaración de Independencia. Trump también organizó una pelea de UFC -también con protagonismo español, con la presencia de Ilia Topuria - en los mismos jardines de la Casa Blanca, también como conmemoración del cumpleaños del país, pero sobre todo, del suyo: la velada fue el mismo día de junio en el que cumplió 80 años . Pero la carrera de Indycar era de verdad una celebración patriótica. Con el protagonismo de un elemento idiosincrático de EE.UU. -el automóvil- y con el Capitolio y otros grandes edificios cívicos y museos de la capital como escenario. Palou, que salía desde la pole, amaneció este domingo con la posibilidad de hincharse de gloria. Primero, por ganar esta carrera histórica, nunca vista hasta ahora, en medio de una gran celebración patriótica. Y con una atención mucho mayor a la que normalmente tienen las carreras de Indycar. Pero además tenía la posiblidad de dejar cerrado o casi cerrado su quinto campeonato. El español ha ganado las ediciones de Indycar de 2021, 2023, 2024 y 2025 y también se ha impuesto en las 500 millas de Indianápolis , la carrera más célebre de EE.UU. En el banderazo verde de salida, que lo dio el propio Trump, contaba con una diferencia en puntos amplia frente al segundo de la general, el estadounidense Kyle Kirkwood (540 frente a 409). Si Palou ganaba, tenía posibilidades de cerrar el título en Washington, en función de la posibilidad de Kirkwood. Ocurrió todo lo contrario, en una carrera muy accidentada. El recorrido atravesaba zonas emblemáticas del centro de Washington, pero tenía las complicaciones de un circuito urbano: un firme irregular, donde los coches se agitaban como cubitos de hielo en una coctelera. La bandera amarilla que se ondea tras los accidentes apareció a las primeras de cambio, en uno de los muchos accidentes que sobresaltaron la carrera. Pero Palou no naufragó por ello, sino por sus propios errores. Fueron tres y le condenaron poco a poco, como en una muerte lenta. En el primero, la responsabilidad fue absoluta del piloto español. En la salida de una parada en el 'pit stop' -situado en la célebre Avenida Pensilvania , en la trasera de la Galería Nacional de Arte- pegó con su coche a una rueda de un equipo rival. Eso le costó una penalización: pasar en una vuelta de nuevo por el 'pit stop', lo que le costó muchos segundos y posiciones. Pero, poco después, en otra parada en el 'pit stop', él y su equipo la volvieron a pifiar. Palou arrancó sin que los mecánicos acabaran de reemplazar la rueda delantera izquierda. Tuvo que parar y perder tiempo. Eso le forzó a salir por detrás de Kirkwood, que ya le sacaba una vuelta. Pero lo peor llegó en la parte final de la carrera, cuando quedaban poco más de veinte vueltas para completar las 250 millas de este Indycar histórico: Palou impactó un elemento interno de la curva y su monoplaza salió disparado, con un alerón delantero colgando. «El intocable Álex Palou de repente ha parecido alguien muy, muy humano», reaccionaba el narrador de la Fox, la cadena con los derechos de la retransmisión. El español no acostumbra a cometer errores, ojalá los haya acumulado en una carrera. Esa fue la esperanza que mostró una vez se apagaron los motores: «Cosas así pasan. Al menos espero que todas hayan ocurrido en el mismo día», dijo. Pero se lamentó de lo ocurrido: «Duele mucho. Es una de esas carreras que de verdad quería que me salieran bien. Ha sido un mal día». El favorito fue todavía capaz de mantenerse en carrera y soñar con un milagro que al menos le permitiera entrar en los puntos. Con su debacle en Washington, la clasificación general se comprime y cada punto puede contar. Pero no se produjo el milagro y solo consiguió acabar . Es posible que fuera el final deseado para Trump, al que se le vio departir con sintonía con Palou antes de la carrera. La celebración patriótica -hubo presencia abundante del ejército- y trumpista -el presidente dio la vuelta de honor en La Bestia, su limusina, y su avión sobrevoló el circuito escoltado por cazas- acabó con la victoria de un estadounidense Kirkwood, que tiene su casa en Jupiter, en Florida, no muy lejos de Mar-a-Lago, la mansión del presidente de EE.UU., lo celebró antes de subir al podio: «Es un gran momento para nosotros, para América, para nuestro aniversario».