José Luis Marín, médico psicoterapeuta: «La salud mental no existe; existe la salud»

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«La salud mental no existe; existe la salud». La afirmación con la que el doctor José Luis Marín presenta una de sus ideas centrales resulta tan rotunda que puede entenderse justo al revés. El médico psicoterapeuta no sostiene que la depresión, la ansiedad o el trauma sean inventados. Lo que discute es la costumbre de aislar el malestar psíquico como si transcurriera en una habitación separada del organismo y de la vida de quien lo padece.Marín, con más de cuatro décadas de experiencia clínica y vinculado a la medicina psicosomática, desarrolló esta tesis en una conversación publicada en el canal de YouTube Roca Project. Su propuesta es mirar al paciente como una unidad biológica, psicológica y social: lo que ocurre en el cuerpo influye en el estado emocional, y las relaciones, el trabajo, la vivienda o una historia de estrés sostenido también pueden dejar huella física. La provocación está en el nombre; la intención, en ampliar la mirada.Lo que quiere decir y lo que noLa propia Organización Mundial de la Salud define la salud mediante dimensiones físicas, mentales y sociales. Al mismo tiempo, los sistemas diagnósticos internacionales mantienen categorías específicas para los trastornos mentales porque permiten reconocer cuadros, investigar tratamientos y facilitar el acceso a la atención. Por eso, la frase de Marín debe leerse como una crítica al reduccionismo, no como una invitación a borrar diagnósticos ni a abandonar terapias o medicación.El especialista ha sido crítico con una atención demasiado centrada en la etiqueta. En otra intervención recogida por La Razón, advirtió de que muchos pacientes no mejoran con psicoterapia y reclamó más formación y autocrítica profesional. Su planteamiento no consiste en sustituir una explicación médica por otra social, sino en preguntar qué factores se están quedando fuera de la consulta.Un insomnio persistente puede empeorar la irritabilidad; el dolor crónico puede reducir la actividad y el contacto social; una mala situación laboral puede sostener el estrés; y el consumo de alcohol puede agravar tanto el ánimo como el sueño. Ninguna de esas relaciones permite diagnosticar por cuenta propia, pero sí muestra por qué atender solo un síntoma puede quedarse corto.Cómo llevar esta idea a la consultaLa aplicación práctica empieza por contar más que el síntoma principal. Conviene explicar cuándo comenzó, qué estaba ocurriendo entonces, cómo se duerme, si hay dolor, cambios de apetito, medicación, consumo de sustancias y qué impacto tiene en el trabajo, los estudios o las relaciones. También es útil comunicar al profesional qué tratamientos se han probado y qué cambió —o no— con cada uno.Mirar el conjunto tampoco significa atribuir cualquier dolencia física al estrés. Una palpitación, una pérdida de peso inexplicada o un cansancio intenso pueden requerir una evaluación médica. De igual modo, un sufrimiento emocional sostenido merece atención específica. La visión integral sirve para sumar preguntas y pruebas cuando hacen falta, no para dar por sentado que «todo está en la cabeza».La idea de Marín contiene, en último término, una regla sencilla para el día a día: no reducir a una persona a su diagnóstico. Si el malestar impide funcionar, se prolonga o aparecen pensamientos de hacerse daño, la respuesta adecuada no es discutir cómo se llama la salud, sino pedir ayuda profesional cuanto antes.