El Vaticano contrató a una empresa de detección de IA para demostrar que su encíclica sobre la IA la escribieron humanos

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Pocas situaciones ilustran mejor la paradoja del momento tecnológico que esta: el Vaticano, institución de casi dos mil años de antigüedad que publicó en mayo la primera encíclica papal dedicada íntegramente a los riesgos de la inteligencia artificial, se vio obligado a contratar a una empresa de detección de IA para demostrar que ese documento lo escribió un ser humano.La encíclica en cuestión es Magnifica Humanitas (Magnífica Humanidad), firmada por el Papa León XIV el 15 de mayo de 2026 y publicada el 25 del mismo mes. En ella, León XIV —el primer papa americano, elegido en 2025— denuncia los riesgos de la automatización para el trabajo humano, critica la concentración de poder tecnológico en manos de pocas empresas y llama a que la IA sea «desarmada» de sus potenciales usos más perjudiciales. Un texto de 43.000 palabras con ambición teológica y diagnóstico social.Días después de su publicación, un investigador identificado como Zhang analizó el texto con la herramienta Pangram —uno de los detectores de autoría IA más usados en ámbitos académicos— y publicó sus conclusiones. El veredicto generó controversia: algunas secciones del documento marcaban porcentajes de probabilidad de autoría artificial notablemente superiores a los de encíclicas anteriores. Zhang fue más lejos y apuntó que «lo más probable es que la IA específica utilizada sea Claude», el sistema de Anthropic.¿Qué hizo el Vaticano para responder a esas acusaciones?La respuesta oficial fue doble. El editor y escritor Christopher Hale desmintió las acusaciones desde la cuenta de X del Vaticano con una afirmación difícil de verificar pero difícil también de inventar: el primer borrador de la encíclica «fue literalmente escrito en papel y con bolígrafo». La Santa Sede fue más lejos.Según informó The Guardian, la Iglesia contrató a Proudly Human, una empresa especializada en certificar que los documentos son de autoría humana. El proceso requiere que el cliente someta una colección de escritos y discursos del autor como grupo de control, y que el texto en cuestión se analice comparativamente. El solicitante también debe firmar una declaración certificando que ninguna IA generó un borrador inicial ni redactó párrafos o frases del producto final.Proudly Human emplea, con una ironía que el Vaticano no ha comentado, múltiples herramientas de IA para analizar patrones de escritura, elecciones gramaticales y características estilísticas. La conclusión fue favorable: la encíclica fue declarada íntegramente de autoría humana.¿Son fiables los detectores de IA que usaron para acusar y para absolver?Esta es la pregunta que el episodio deja sin responder satisfactoriamente, porque tanto la acusación como la defensa descansan sobre herramientas que sus propios fabricantes reconocen como imperfectas. Los detectores de IA trabajan con distribuciones probabilísticas, no con certezas. Pueden confundir prosa cuidadosamente editada con texto generado por máquina. Pueden marcar como artificial un texto humano que sigue patrones muy regulares, o dejar pasar como humano un texto de IA que ha sido suficientemente parafraseado.El informe de Snopes que analizó las evidencias en junio de 2026 fue honesto: encontraron elementos que otorgaban «cierta credibilidad a la reclamación pero no prueba concluyente de que León XIV, funcionarios vaticanos o cualquier otro usara IA para crear la encíclica». El veredicto de Snopes fue «no probado».Lo que el episodio revela es el fenómeno que algunos investigadores ya llaman «flagxiety»: la ansiedad que experimentan autores humanos —escritores, académicos, estudiantes, instituciones— ante la posibilidad de ser señalados erróneamente por un detector de IA. Una encíclica vaticana que critica a la IA siendo acusada de haber sido escrita por IA es el ejemplo más cinematográfico posible de esa angustia. Que Apple haya tenido que limitar su programa de bug bounty porque investigadores usando IA inundaron sus servidores con 50 fallos de macOS en tres semanas ilustra el mismo problema desde otro ángulo: cuando la IA puede generar a escala, la escala misma se convierte en un problema de verificación.Por qué este episodio importa más allá del VaticanoEl timing de la controversia es relevante. El Pew Research Center publicó hoy mismo un estudio que muestra que el 35% de las páginas web publicadas desde el lanzamiento de ChatGPT muestran indicios de autoría artificial. Eso significa que la web post-2022 está mayoritariamente escrita por herramientas que generan texto a partir de patrones estadísticos.En ese contexto, la pregunta ya no es si la IA escribió este o aquel texto, sino si los detectores de IA son instrumentos suficientemente fiables como para responderla con justicia. La encíclica de León XIV critica exactamente esa lógica: que la automatización tome decisiones sobre lo que es válido o no válido sin la capacidad de rendir cuentas de sus errores.La sospecha sobre Anthropic’s Claude como supuesto autor resulta irónica en un nivel más. Anthropic lleva años apostando por la seguridad y la transparencia en IA —incluyendo explorar la fabricación de sus propios chips para reducir dependencias— y fue citada en los círculos del Vaticano como una empresa con posición cercana a las preocupaciones éticas de la encíclica. Que un investigador señale a Claude como presunto autor y que el Vaticano lo niegue con herramientas de detección de IA alimentadas por IA es el tipo de paradoja que el propio texto de León XIV habría podido anticipar, pero seguramente no de esta forma.La conclusión más útil del episodio es práctica: cuando una institución tan antigua como la Iglesia Católica necesita contratar a una empresa para certificar que sus documentos son humanos, la pregunta sobre la autoría de los textos digitales ya no es académica. Es estructural. Y las herramientas para responderla siguen siendo, por el momento, tan imprecisas como las que intentan generar el texto que hay que detectar. La encíclica del Vaticano sobre la IA fue descrita por Christopher Olah de Anthropic como filosóficamente cercana a las preocupaciones de seguridad de la empresa; ese vínculo entre Anthropic y el debate ético sobre la IA no ha hecho más que crecer en los meses posteriores a la publicación.La noticia El Vaticano contrató a una empresa de detección de IA para demostrar que su encíclica sobre la IA la escribieron humanos fue publicada originalmente en Wwwhatsnew.com por Natalia Polo.