POSADAS, Misiones.- Hay dos clases de emprendedores, los que ven una necesidad en el mercado y los que están dispuestos a fabricar un producto que sea objeto de deseo y generar a partir de ahí la demanda. “El principal riesgo de este proyecto es que la demanda, no está, la tenemos que crear”, dice Pablo Baldoma, de 40 años. Con su empresa Cambium Timber, está terminando de construir una nave industrial en Gobernador Virasoro, Corrientes, para levantar la primera planta de producción de CLT Cross-Laminated Timber), unos paneles de madera de hasta 3 x 12 metros, y 35 centímetros de espesor, ultra resistentes con los cuales se pueden construir casas, edificios o escuelas.Para la inversión, de 20 millones de dólares, Baldoma le llevó el proyecto a Leandro Sigman, el hijo de Hugo, el empresario de Insud. La segunda familia más rica de la Argentina, según el ranking Forbes, también tiene 25.000 hectáreas de forestaciones con Pomera y dos generadoras de energía por biomasa (FRESA y San Alonso) con una inversión de 100 millones de dólares en esa misma localidad.“Súper Niño”: adelantan que el fenómeno será uno de los más fuertes desde 1950 y dónde ya hay riesgos“Hay que agregarle valor a la madera y aprovechar todo el árbol, cuando empezamos a trabajar en la industria forestal, lo que observábamos es que de todo lo que se cosechaba en el bosque, el 50% quedaba como residuo”, dijo Hugo Sigman en mayo del año pasado, cuando inauguró San Alonso.Pero Baldoma no solo le llevó un proyecto para agregar valor, sino también algo disruptivo que apunta a cambiar mentes y corazones: un producto estético y que pueda revolucionar el sector de la construcción. El CLT se usa en otros países para edificios de lujo, casas premium en los barrios más exclusivos y es un material constructivo de deseo, como el mármol. “No es más barato que la mampostería o los ladrillos, aunque buscaremos ser competitivos”, dice Baldoma. Baldoma es oriundo de La Plata y, tras recibirse de Economista en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), se puso a emprender en tecnología. Desembarca con todo su background en un sector donde la norma es innovar y romper moldes a una industria muy conservadora a la que le cuesta impulsar proyectos disruptivos. “Fundé y vendí cinco emprendimientos tecnológicos, el último tenía sede en San Francisco”, expresó en el Centro del Conocimiento de Posadas, donde se realizó ayer un evento por el 80° aniversario de la Asociación Forestal Argentina (AFOA).Compartió escenario y disertaciones con CEOs de gigantes como Arauco Argentina, ACON Timber, Central Puerto o Arpulp (el proyecto de US$2000 millones para poner una planta de pasta celulosa en Ituzaingó, Corrientes). El mejor precio en un año: se aceleraron las ventas de soja y todavía quedan US$11.000 millones en grano por comercializarTras vender su último emprendimiento tecnológico buscó un proyecto para regresar a la Argentina y descubrió que en la construcción y en la forestoindustria hay mucho para innovar: hacer casas, edificios, escuelas en madera con alta calidad, estética y glamour. “Acá se piensa en la casilla de madera, cuando se habla de construcción en madera, en cambio nuestro lema es: belleza, ciencia, futuro”, dijo con un razonamiento parecido al de Steve Jobs con los productos de Apple.A pesar de tener un enorme déficit habitacional y una abundancia de bosques y madera con una superficie total de 1.300.000 hectáreas (considerada una de las más baratas del mundo), la Argentina nunca despegó en la construcción de casas premium con este material. Como sí sucede en los países más desarrollados como Estados Unidos, Australia o España. Tampoco la forestoindustria está generando hasta ahora las inversiones que prometía cuando se lanzó el RIGI y fue incluida como uno de los sectores para este programa.Ayer en Posadas se presentaron y discutieron algunos pocos proyectos que ya se concretaron como ACON Timber, y otros que se piensan para después de 2027 (Arpulp, Central Puerto). Pero el sector viene de ver cómo en los últimos 25 años las inversiones esquivaron la Argentina deliberadamente mientras se concretaron proyectos en Chile, Brasil, Uruguay y hasta Paraguay. A tal punto que el país exporta en “silencio” troncos pelados (rollizos) que salen de los barcos en los puertos de Entre Ríos rumbo a China e India. Un negocio al que jamás se pensó que se recurriría cuando esos árboles se plantaron en la década del 80 y 90. “Necesitamos competitividad sistémica, infraestructura, conectividad logística, seguridad jurídica, y condiciones que desarrollen tanto el mercado interno como que atraigan inversiones de clase mundial”, explicó Pablo Ruival, titular de AFOA al abrir la jornada.“Las inversiones en maquinaria nos costaron un 30% más que en Europa, por los impuestos y también por la logística, traer 50 contenedores para la línea nos salió más caro de Buenos Aires a Virasoro que de Europa a Buenos Aires”, explicó Baldoma.Su enfoque del negocio forestal, con una planta que estará lista para empezar a producir en diciembre, es radicalmente distinto al del resto de los empresarios del sector. Hasta ahora, los intentos de la industria forestal por incentivar la construcción en casas de madera casi siempre se limitaron a reclamar desde las cámaras sectoriales a los funcionarios nacionales y provinciales que impulsen el uso de la madera casi compulsivamente. Baldoma parece entender que la madera tiene un potencial que no fue explotado aún en la Argentina para capturar a los consumidores/usuarios. “La madera tiene algo, tiene un plus, ya tocarla es bonito”, dice Baldoma, quien durante su exposición avisó que están buscando un proyecto icónico, que incluso puede ser un monumento, que sirva para que el público “mire, toque y se enamore” de este material.“La Torre Eiffel en 1889 cambió la forma en que se consideró al acero en la construcción. Pensamos en un momento en hacer un obelisco en madera, pero el Obelisco no es tan lindo así que seguimos buscando, nos pueden dar ideas”, explicó Baldoma.“La idea es tener la primera producción a fin del 2026 o principio del 2027 y estamos pensando un proyecto icónico, tenemos varios en carpeta, con estudios de arquitectura grandes y otros boutique que ven no solo la parte estética, que es algo subjetivo, pero es más lindo que otros sistemas, sino también el beneficio en la exactitud para planificar edificios con un milímetro de detalle”, relató.Este proyecto se le ocurrió a Baldoma como forma de volver a la Argentina tras cinco años viviendo en España. Se puso a buscar un negocio y encontró este producto y un mercado a crear. Visitó más de 30 fábricas de CLT en Europa y otros lugares del mundo. “Quería volver a Argentina a hacer algo distinto, si vuelvo, vuelvo a romper con algo y buscando me encontré con esta cosa que no me gustaba de la construcción, que es sucia, oscura, nunca sabe cuándo gastó en la construcción de una vivienda; eso fue lo que me motivó y me enamoró”, indicó Baldoma.