Una tarde descarnada y de grandeza: de la cogida de Morante a la apoteosis de Roca y Miranda

Wait 5 sec.

Duró diez segundos la cogida y allí cabía la guerra de los cien años. La vida y la muerte caminaban a la misma velocidad, con los pitones del toro lamiendo la cintura, el pecho, la cara y la cabellera de José Antonio Morante, que acabó con un mechón blanco, con medio rostro ceniza. Lo había prendido tras una hondo natural; cuando iba a ligar otro, lo cogió por los machos. Qué horror, qué percance más terrible. Decía el sacerdote en la misa de diez en la catedral que celebrábamos uno de los días grandes de la Virgen, y tuvo que ser Ella la que echase su divino manto para que aquello no acabase en tragedia. Corría el miedo por los... Ver Más