La era Mourinho comenzó con una de esas faenas que más alimentan el ego del madridismo. Mal partido, pero victoria en el 90 y tres puntos al petate. El pragmatismo que pedía el luso, dibujado en un '9': Carlos Espí, que ha caído de pie en el Madrid. Los blancos se plantaron en Cornellá con su habitual 8+3. A pesar de la buena pretemporada de Brahim y de los pocos entrenamientos de Bellingham, Mourinho eligió lo que siempre elegían Ancelotti, Xabi (desde que Vini le bajó el pulgar, con la connivencia de Florentino) y Arbeloa. Va a ser muy complicado ver a un Madrid sin el brasileño, Jude y Mbappé en el once. Ahí puede estar la penitencia de Mourinho. O la gloria. La parte más difícil de su cometido es que los tres mezclen, por fin, como lo hace una rodaja de pepino en un gin-tonic de Hendrick's, pero no le va a ser sencillo. Empezó el Madrid arrollando al Espanyol. Rápida circulación de balón, presión alta, Arda conectando el doble pivote con el ataque y, además, sacando el guante para regalarle a Bellingham el 0-1 en el 9. Falta lateral botada por el turco y cabezazo de Jude. Mourinho se fue a la primera fila de Cornellá para celebrar con su staff de analistas el primer gol de esta nueva era. Estaba a gusto el Madrid, y Dumfries tuvo el 0-2 en el 20. Otra vez Arda de asistente, con un buen balón al espacio. Solo chirriaba Vinicius, enzarzado en batallas inocuas, para variar. Es verdad que a los dos minutos y medio le soltaron una patadita en el costado, sin balón de por medio y con el brasileño en el suelo, pero, en lugar de mantener la calma y no caer en la trampa de la habitual provocación enemiga, empezó a desquiciarse. El verano le ha cambiado la cara, pero el (mal) genio sigue ahí. Cuánta energía malgastada innecesariamente que le vendría de perlas para lo que de verdad está ahí, que es fabricar y dar goles, además de hacerlos. El partido cambió por completo cuando, en el 23, un golpe de Roberto en la ceja izquierda de Huijsen obligó a Sánchez Martínez a echar del campo al central. Con sangre no se puede jugar, pero esta regla de no poder regresar hasta que pase un minuto es una de las mayores estupideces del fútbol moderno. Y hay lista de espera. ¿Qué culpa tenía Huijsen de esa herida? Con esa desventaja numérica, Riedle y Roberto estuvieron cerca de encontrar el 1-1. No fue así, pero el viento empezó a soplar a favor. Tanto que, en el 29, Cala sí mandó el balón a la red, aprovechando un centro de Javi Hernández y el despiste en la marca de Valverde, que, por muchos brazos que levantara, se durmió en el seguimiento. Mbappé tuvo en dos ocasiones el 1-2, pero en ambas Dmitrovic sacó dos buenos pies para taponar sendos disparos con la pierna derecha del francés. Extraño verle fallar dos acciones de gol tan claras. Como claro fue el 'abrazo' de El Hilali a Dumfries en un córner del Madrid. Una Liga más, agarrar en España tiene barra libre. La segunda mitad empezó también con otra de esas acciones que envenenan a la afición madridista. Patada clara de Cala a Carreras, merecedora de amarilla. Era la segunda. 'Manolete' dijo que no. «¡Ay, Manolete! Si no sabes torear, ¿para qué te metes?». Remató al larguero Bellingham en el 56, con toque previo de Dmitrovic. Otra buena parada del serbio, que no tenía mucho trabajo, pero el que le tocaba lo resolvía de manera brillante. Para darle más viveza y ritmo al Madrid, Mourinho puso a Diomande y Cucurella, pero no cambió mucho el guion. Llegadas sin remate y buen trabajo defensivo de los pericos, que sufrían bastante menos de lo que se presupone cuando se tiene delante al Madrid. Solo un disparo desde la frontal de Valverde, en el 78, que rozó el palo izquierdo de Dmitrovic. Fue justo antes de que Mourinho agotara las sustituciones con Trent, Camavinga y Espí, pero tampoco le dieron resultado. Con Vinicius en modo 'quiero, pero no puedo' y Mbappé en plan individualista y fallón, además del poco fútbol colectivo, el Madrid veía ya sin arena el reloj cuando Dmitrovic estropeó su buen partido. Salida con tacataca ante un balón dividido y Espí, como buen cazagoles: control, recorte, balón a guardar y piña de celebración propia de un gol de final de Champions. Todavía no hay juego, pero sí unidad.