En la madrugada del martes, el cadáver de un hombre tiroteado yacía en la calle Pintor Pacheco de Marbella sin que el suceso haya merecido demasiada atención mediática: lo repetitivo no es noticia. Hace mucho que Hannah Arendt teorizó sobre la capacidad del ser humano para asumir lo inasumible si la frecuencia y el contexto coadyuvan a esta «banalización del mal». Un muerto al borde del Mediterráneo malagueño, en fin, pesa poco en la misma semana en la que una patrullera del Servicio de Vigilancia Aduanera ha sido tiroteada por narcotraficantes en el Atlántico onubense, donde unos días antes una vendetta entre clanes se había cobrado otras tres víctimas mortales. Jorge Fernández Díaz, tocayo del exministro empapelado y ganador del... Ver Más