Una soltera no deja títere con cabeza y 'apabulla' a su cita con continuas pullas: «Horroroso, anti-feeling»

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Como persona que sabe reírse de sí misma, Rafa (53), un maestro afincado en Miguelturra (Ciudad Real), buscaba en 'First Dates' una compañera de vida romántica y con sentido del humor. Mónica le dio dos tazas. Y es que su cita lo puso contra las cuerdas con su carácter burlón desde que entró por la puerta del restaurante. La arriacense residente en Madrid ya probó suerte en el programa tres años atrás. También entonces dio bastante que hablar con su talento para imitar más de 200 voces y su petición al equipo de emparejarla con un hombre «con la mirada importante y que sea muy macho», al igual que Lola Flores. Rafa la recibió con un ramo de flores, un detalle al que reaccionó descargando su primera ración de ironía y sarcasmo. Mónica solo se fijó en que estaban adornadas con un lazo negro, así que sugirió que «las ha cogido del tanatorio de enfrente según venía». Después de hacer las presentaciones, le pedía a su cita que se colocara detrás de la barra para que saliera Matías Roure a cenar con ella. Y calificaba en privado de «horroroso, anti-feeling» el nombre del pueblo de Rafa. Pero el soltero se tomó los cortes de la comunicadora y periodista con filosofía. «Es un poco vacilona… Pero bueno, divertida», señalaba en los totales. En la mesa, la socarronería de Mónica continuó sin darle tregua. Rafa hizo otro intento de hablar un poco de su trayectoria vital desde que empezó a trabajar, a lo que ella le lanzó una pulla sobre su aspecto: «Cuando estabas bueno…». También puso pegas a que luciera perilla. De hecho, no sintió reparos en comentárselo escudada en el humor, porque bajo su criterio «es lo que llevan los quiero y no puedo; me produce desconfianza la gente con perilla». Al menos le dio una de cal entre tanta arena. A la exigente Mónica le gustó la boca de su cita. Tanto, que pidió que se la envolvieran para llevársela y dejar el resto de la anatomía de su pretendiente en el restaurante. Mientras tanto, Rafa quiso otra vez acercar posturas y aprovechar la conversación para conocerse. Pero con «una mujer peculiar» como Mónica no le resultó nada fácil. Incluso andando con pies de plomo, el maestro metió la pata al sacar el tema del sexo. «¿Te parece elegante preguntarlo?», se revolvió la soltera. Él enseguida se dio cuenta de que no tenía que haberlo soltado y entonaba el mea culpa. «La he cagado…». Eso sí, dado que él abrió la veda, la imitadora continuó por esa senda, probando a sonsacarle si había hecho un trío. Él lo negó, pero su lenguaje no verbal le indicó a la soltera lo contrario. El humor de Mónica, a pesar de todos los desplantes, no terminó por agotar la paciencia de Rafa. Su cita le parecía interesante, distinta… y, sobre todo, le hacía reír. Incluso llegó a creer que era recíproco y que ella también se lo había pasado bien con él. Tras una cena en la que Mónica no había dejado de poner a prueba a su acompañante, llegó el momento de pagar la cuenta. Rafa amagó con invitarla, pero un pequeño despiste se lo impidió: se había olvidado la cartera. Mónica terminó haciéndose cargo de la cena, aunque dejó claro que no pensaba pasar por alto el descuido y que había tomado buena nota. En la decisión final compartieron impresiones sobre la velada. Antes de responder si quería volver a ver a su cita, Mónica quiso saber cómo la había visto. El maestro reconoció que se había sentido algo apabullado. «Algunas bromas iban a saco… Sabías dónde apretar. Pero me lo tomo bien, tengo sentido del humor», afirmaba. Pese a todo, se había quedado con ganas de seguir conociéndola. Mónica, sin embargo, no lo veía de la misma manera. La arriacense rechazó una segunda cita porque consideraba que estaban demasiado alejados, tanto geográficamente como en su forma de ser. Eso sí, no dejó pasar el olvido de la cartera y se lo recordó con una última pulla antes de marcharse: «Te dejo mi teléfono para que me hagas un Bizum».