Gustavo Petro ha perdido una parte importante de la identidad que lo acompañó durante los últimos cuatro años. Quien como presidente rompió los moldes de la comunicación política con sus diatribas en X, donde era el más activo de los gobernantes latinoamericanos, apenas empieza a acomodarse a su nuevo rol: el de exmandatario. En ese ajuste, revela la disyuntiva entre liderar una oposición que no le encuentra un reemplazo o recomponer su vida personal, que asegura que se vio gravemente afectada por los cuatro años en el poder. Un día arremete contra su sucesor, Abelardo de la Espriella, en decenas de mensajes y promete una alianza global para combatir el fascismo. Otro día cuenta que ya le aceptaron su solicitud de pensión y que tratará de “formar un nuevo hogar” tras separarse de Verónica Alcocer. El nuevo Petro empieza a delinearse entre las dos prioridades que busca conciliar.Seguir leyendo