El Rey Harald y una vida entregada a su único amor, la plebeya Sonia

Wait 5 sec.

La vida sentimental del Rey Harald de Noruega es la viva imagen del romanticismo. Un hombre que se casó con su primer y único gran amor, su mujer de toda la vida, una relación por la cual luchó y desafió a su familia. ¿Casarse con una plebeya? Sí, él lo hizo posible. Una relación secreta que duraría nueve años antes de su boda. Sonia de Noruega le había robado el corazón para siempre. Ni romances públicos ni privados. Harald de Noruega fue hombre de una sola mujer. Toda una rareza que él defendió desde que vio a esa joven para quedar deslumbrado hasta el final. Mantuvo una relación secreta con la plebeya Sonia Haraldsen durante casi una década, ya que inicialmente estaba prohibida. Según se cuenta, hasta amenazó con permanecer soltero de por vida si no podía casarse con ella Los clásicos han escrito en las novelas románticas tópicos como aquel que dice que no existen reglas escritas para enamorarse y que a veces basta una mirada o un simple roce. Que no se puede elegir dónde, cuándo ni de quién enamorarse y que el amor puede vencerlo todo. Muy sentimental, y para muchos una cursi utopía, pero la historia del Rey Harald V de Noruega y la Reina Sonia demuestra que el cuento puede ser real. Esta fue una historia auténtica de un amor prohibido de quien por entonces era un príncipe heredero que se enamoró perdidamente de una plebeya y que a la postre contaría con un final de cuento de hadas. Desde que existen las monarquías, estas se han regido por una regla no escrita por la cual se obligaba al monarca y a sus herederos a casarse con una persona de la realeza o la nobleza. Si bien es un hecho históricamente raro, existen casos reales de plebeyos que se casan con miembros de la realeza y Sonia de Noruega es la muestra más palpable. La pareja se conoció en junio de 1959, en una fiesta organizada por su amigo en común, Johan Stenersen. Fue amor a primera vista. En agosto del mismo año, el príncipe invitaría a Sonia a su baile de graduación y allí serían fotografiados juntos por primera vez. Y, por supuesto, fue una relación bastante controvertida, ya que muchos pensaban que el príncipe heredero no debería involucrarse sentimentalmente con una plebeya noruega, pero Harald haría caso omiso a las opiniones ajenas -y menos ajenas- y dejaría claras sus intenciones desde el principio: estaba enamorado de Sonia y con ella se casaría. Y nadie más. Según se ha contado, el padre de Harald, el Rey Olav V, desconocía al principio que su hijo estuviera enamorado de una plebeya. Al enterarse de sus intenciones, intentó persuadirlo para que pusiera fin a su relación con Sonia, ya que debía casarse con una dama de la realeza. Una relación verdaderamente prohibida. Olav contaba con hacer valer su conocida capacidad de persuasión y pensaba que solo sería una obsesión momentánea de su hijo. Confiaba en «reconducirlo». Pero no conocía la terquedad de Harald, al menos en cuestiones sentimentales. Ese matrimonio era cosa impensable para el Rey Olav V, algo que creía que tendría un impacto negativo en la joven monarquía noruega e incluso podría ponerla en peligro. Muchos políticos y periodistas noruegos compartían esta opinión y presionaban al príncipe heredero para que desistiera y se casara con una princesa en lugar de con una «chica del pueblo». Sin embargo, y después de varios intentos de persuasión, Harald se plantaría para dejarle clara una cosa: permanecería soltero de por vida a menos que pudiera casarse con su único amor, de nombre Sonia Haraldsen. Una amenaza mucho más seria que la de pasar por el altar con una plebeya. El príncipe heredero estaba a punto de cumplir 30 años en 1967 y estaba poniendo en grave riesgo a la monarquía con su decisión de permanecer soltero. Era Sonia o ninguna. Las dos hermanas de Harald ya estaban casadas con plebeyos, lo que significaba que no estaba claro quién sería el heredero al trono si Harald no tenía descendencia. Pasarían nueve años antes de que el rey Olav V diera finalmente su bendición y aprobara el matrimonio entre su hijo y Sonia. Su esperanza de que rompieran por cualquier motivo se había desvanecido. La pareja contrajo matrimonio el 29 de agosto de 1968 en Oslo y fue así cómo Sonia, la «chica del pueblo», se convirtió en princesa de Noruega y posteriormente en reina. Olav V falleció en 1991 y la pareja se convirtió en el Rey Harald V y la Reina Sonia. Cuando su hijo, el príncipe heredero Haakon, les comunicó su intención de casarse con una madre soltera, Mette-Marit, lo apoyaron incondicionalmente y ni siquiera consultaron al gobierno. No había razón. Había toda una historia detrás.