Mette-Marit, la nueva Reina de Noruega: de su pasado rebelde a las polémicas que acompañan su llegada al trono

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La muerte de Harald V pone fin a más de tres décadas de reinado y abre una nueva etapa para la monarquía noruega. Su hijo, Haakon, ha heredado la Corona y, con él, Mette-Marit se convierte en reina consorte de Noruega, culminando así una historia que comenzó muy lejos de los palacios y que hace 25 años parecía difícil de imaginar. La nueva reina llegó a la Familia Real en 2001, cuando contrajo matrimonio con el entonces príncipe heredero. Su pasado, alejado de los círculos aristocráticos, convirtió aquella boda en uno de los acontecimientos más controvertidos de la monarquía noruega contemporánea. Mette-Marit tuvo que enfrentarse entonces a una opinión pública que cuestionaba su idoneidad para convertirse en princesa heredera y explicar abiertamente algunos de los episodios de su juventud. Ahora, convertida en reina, lo hace además en uno de los momentos más complejos para la institución. A las dificultades de salud que ha atravesado durante los últimos años y a la polémica por su relación con Jeffrey Epstein se suma la situación judicial de su hijo mayor, Marius Borg Høiby , que ha provocado una enorme atención mediática y ha puesto a prueba a la Familia Real. Mette-Marit Tjessem Høiby nació en Kristiansand en 1973 y creció en una familia sin vínculos con la aristocracia. Sus padres se separaron cuando tenía 11 años y durante su juventud llevó una vida completamente alejada del protocolo y las obligaciones que posteriormente asumiría como miembro de la Familia Real. Ella misma reconoció antes de su boda que había atravesado una etapa especialmente rebelde. Durante aquellos años pasó temporadas en Australia y Londres, trabajó como camarera y vivió una juventud marcada por las fiestas, las drogas y relaciones sentimentales que posteriormente se convertirían en uno de los principales argumentos de sus detractores. Antes de conocer a Haakon tuvo además una relación con Morten Borg, padre de su primer hijo, Marius. El entorno de algunas de sus antiguas parejas y el pasado familiar de Mette-Marit alimentaron el escrutinio público cuando se anunció su compromiso con el heredero. El romance con Haakon había comenzado a finales de los años noventa y los dos llegaron a convivir antes de que la Casa Real anunciara oficialmente su compromiso en diciembre de 2000. Ocho meses después, el 25 de agosto de 2001, se dieron el 'sí, quiero' en la catedral de Oslo. La llegada de Mette-Marit a la Familia Real no estuvo exenta de dificultades. Durante los meses previos a la boda tuvo que explicar públicamente su pasado y convencer a una parte de la sociedad noruega de que aquella etapa había quedado atrás. Pero contaba con el respaldo de quien ahora ya no está: Harald V. El monarca defendió el derecho de su hijo a casarse por amor y recordó en una biografía publicada en 2020 sus propias dificultades para contraer matrimonio con Sonia Haraldsen, una mujer sin origen aristocrático. Harald llegó a amenazar con renunciar al trono si no podía casarse con ella. Con los años, Mette-Marit fue consolidando su papel institucional. Su agenda se centró especialmente en la cooperación internacional, la juventud, la literatura, la sostenibilidad y la salud mental. Desde 2006 ejerce como embajadora de buena voluntad de ONUSIDA y ha participado en diferentes iniciativas relacionadas con el VIH y la lucha contra el estigma. Ahora, aquel respaldo de Harald adquiere un significado especial. La mujer a la que el rey defendió frente a las críticas se convierte, tras su muerte, en la nueva reina consorte del país. La nueva reina llega al trono acompañada también por algunas controversias recientes. Una de las más delicadas fue la relacionada con su relación con Jeffrey Epstein, cuya correspondencia con Mette-Marit fue difundida públicamente y generó una fuerte reacción en Noruega. La entonces Princesa heredera terminó reconociendo su falta de criterio por no haber investigado más sobre el pasado del financiero estadounidense. En aquel momento expresó también su «profunda simpatía y solidaridad con las víctimas de los abusos cometidos por Jeffrey Epstein». El episodio se sumó a otros problemas que han golpeado a la Familia Real en los últimos años. Una institución que durante décadas se había situado entre las monarquías más populares de Europa llegó a afrontar un descenso de su respaldo ciudadano, mientras diferentes escándalos afectaban a miembros del entorno más cercano al heredero. Para Mette-Marit, sin embargo, la controversia no termina ahí. Su llegada al trono coincide con una de las situaciones familiares más complicadas que ha tenido que afrontar: el proceso judicial de su hijo mayor. Marius Borg Høiby, nacido de una relación anterior de Mette-Marit, no forma parte de la línea de sucesión ni desempeña funciones oficiales dentro de la monarquía. Sin embargo, su situación judicial se ha convertido en uno de los asuntos que más presión han ejercido sobre la Familia Real. El joven fue detenido en 2024 después de un incidente violento en Oslo y posteriormente quedó acusado de numerosos delitos, entre ellos varias violaciones, violencia de género, amenazas y delitos relacionados con drogas. Høiby ha negado las acusaciones más graves, aunque durante el proceso reconoció otros hechos. El caso tuvo además una dimensión especialmente dolorosa para Mette-Marit. Mientras su salud empeoraba y los médicos estudiaban la posibilidad de un trasplante pulmonar, su hijo permanecía detenido en Oslo. La princesa heredera, Haakon y el príncipe Sverre Magnus llegaron a visitarlo en prisión. En uno de los permisos concedidos durante el proceso, Marius pudo reunirse con su madre en la residencia familiar de Skaugum. «Ver a mi madre en casa fue una experiencia muy diferente a verla en la prisión de Oslo», afirmó ante el tribunal. «Era una madre completamente distinta, y fue increíblemente maravilloso verla». Ahora, Mette-Marit afronta su nueva condición de reina con esta situación todavía vinculada a su vida familiar. Aunque Marius no tiene ningún papel constitucional y su situación no modifica la línea sucesoria, el caso supone inevitablemente un desafío para la imagen pública de la nueva reina. A las controversias familiares se suma el delicado estado de salud de Mette-Marit. La nueva reina fue diagnosticada de fibrosis pulmonar en 2018, una enfermedad crónica que durante los últimos años ha obligado a reducir su agenda oficial y a cancelar compromisos. Su situación llegó a agravarse hasta el punto de que sus médicos anunciaron que había sido incluida en la lista de espera para un trasplante pulmonar. «La progresión de la enfermedad pulmonar de la princesa heredera es grave», declaró el especialista Are Holm al comunicar la decisión médica. Ahora, tras la muerte de Harald y la llegada de Haakon al trono, Mette-Marit comienza una etapa completamente nueva. De aquella joven que tuvo que defender públicamente su pasado para poder casarse con el heredero queda ahora una reina consorte que deberá acompañar al nuevo monarca mientras la Corona afronta una transición generacional y varias crisis de reputación. Su historia dentro de la Familia Real comenzó precisamente con una apuesta por el amor frente a las convenciones. Más de dos décadas después, aquella decisión tomada por Haakon y respaldada por Harald ha llevado a Mette-Marit hasta el lugar que durante años parecía improbable: el de reina de Noruega.