El catalanismo presume de que el Mundial de España lo ganó el Barça y a la vez niega el homenaje a los campeones. Una de las dos Cataluñas ha de helarte el corazón. Antes de empezar el partido se guardó un minuto de silencio por las víctimas de las inundaciones de Nepal, pero en cambio no se rindió ningún homenaje a las víctimas del nacionalismo mental, que son legión y mucho más cercanas. El Barça empezó rápido, hambriento, todos menos Lamine Yamal, que continuaba paseando como en los Estados Unidos. Poco a poco el equipo se fue descafeinado, desdibujando, sin ser capaz de ofrecer nada más que una resistencia ordenada. De todas maneras, tenía pinta de ser un bajón momentáneo. También es cierto que Lamine, que en cualquier momento, podía despertar de un latigazo. Terzic, tan valiente que Flick, pero más suicida, porque a lo que el Barça juega no se puede jugar sin la calidad de sus jugadores. De hecho, ni el Barça se puede permitir su sistema, sobre todo en la Champions. En el minuto 17:14 se volvió a gritar «independencia» pero entre silbidos y dando una sonrojante sensación folklórica. Otros cánticos regionales adornaron la noche durante algunos instantes. Lamine en el 18 cruzó una buena rosca, pero Unai Simón puso una mano mejor. Joan García abortaba cualquier ocasión visitante antes de que se convirtiera en oportunidad, con salidas exactas. En el 23, Raphinha remató de cabeza al palo un muy buen centro de Xavi Espart, que tuvo que ser expulsado a la jugada siguiente por una clara falta sobre Nico Williams siendo el último hombre. Hay que decir en su descargo que Espart se vio obligado a cometer la falta por un error clarísimo de Gerard Martín. Bigotito absurdo del árbitro, Ortiz Aria; bigotito absurdo de Raphinha y de Lamine. Dice poco y malo de un hombre que se deja bigotito. Pero más allá de la estética Raphinha en el 37 demostró, como en Elche, que se ha creído que es el 9 que busca Deco y tras dejar a Unai por los suelos abrió el marcador. Lamine continuó fallando lo obvio, no se sabe si por desidia o por fatalidad. La segunda parte empezó con el aliciente de saber en qué minuto Flick haría debutar a Rodri en el Camp Nou. El público aplaudió en paciente cuando el jugador salió calentar tras el descanso. Buen partido de Gerard Martin y Cubarsí como pareja de centrales. Eléctrico Fermín. Rodri y Olmo en el 62 entraron por Raphinha y Bernal. Rodri, ovacionado, pero «esta selección no es la nuestra». Apabullante delirio cantonal. Unai Simón, soberbio, sostenía a su equipo, que en ataque no hizo casi nada destacable en la segunda mitad, salvo un palo de Sancet. Pero ni el portero de la campeona del mundo puede hacer nada contra los regalos de sus defensores y gracias a Laporte, Fermín cerró la noche con el segundo gol de su equipo.