Estados Unidos vertió 62.000 litros de solución alcalina en el Atlántico para abrirle un “hueco” químico al CO₂. Siguieron el agua durante cinco días, pero aún falta la única cifra que importa

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El ensayo demostró que es posible modificar y rastrear de forma controlada la química del océano. Lo que todavía no se ha publicado es cuánto CO₂ abandonó realmente la atmósfera y permaneció almacenado.