Más sentido del humor en la Iglesia

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Después de que los cardenales eligieran a Ángelo Giuseppe Roncalli con 77 años, san Juan XXIII solía decir socarronamente que «el Espíritu Santo me ha elegido. Se ve que quiere trabajar solo». Un día estaba san Juan Pablo II rezando en su capilla y el secretario particular le fue a decir que el presidente de los Estados Unidos quería hablar con él. El Papa no se inmutó y siguió orando. A la hora volvió el secretario para insistirle que el presidente Bush le había vuelto a llamar, porque era una cuestión muy importante, a lo que el Papa respondió: «Entonces, si se trata de algo muy importante, debo rezar más». Con permiso de Jardiel Poncela, el amor, también el cristiano, se escribe con h de humor. Un santo triste es un triste santo, dice la tradición. La revista de los jesuitas, L´Civiltà Cattolica, acaba de publicar un interesante artículo sobre el humor y la vida cristiana. El humor es un medio privilegiado para alcanzar la serenidad, forma parte del don de la sabiduría, como podemos ver en G. K. Chesterton. Expresa la necesaria distancia de uno mismo y un singular olfato para distinguir entre lo sustancial y lo accidental. Los elementos esenciales del sentido del humor son la capacidad de captar el lado cómico y contradictorio de la vida; una mirada que permite ver mejor y «más allá» y una inteligencia que relativiza y redimensiona. Kierkegaard considera el humor como la más extrema aproximación del hombre a lo propiamente cristiano-religioso. Como ha dicho algún autor, la historia de muchas herejías es en gran medida la historia de la pérdida del sentido del humor. Quien tiene sentido del humor ama el mundo, a pesar de sus imperfecciones. Mientras subía las escaleras del patíbulo, Santo Tomás Moro exclamó: «Por favor, señor Lugarteniente, ¿podría darme la mano para subir con seguridad? Después, para bajar, no se preocupe que me las arreglaré solo». Y a su verdugo le dijo: «Amigo, ánimo, cumple tu trabajo sin temor. Pero ten presente que tengo el cuello más bien corto: cuida de golpear derecho para no manchar tu reputación».